Matías Castro
En estos últimos años el mundo del cine se ha apropiado del universo de las historietas, en particular de las de superhéroes, a tal punto que las ha convertido en un género en sí mismo y les ha sacado mucho dinero. La industria del cómic de superhéroes, ciertamente se ha beneficiado con ello. Pero la audiencia necesita ser alimentada y hay que dar continuidad a los productos, por lo que Hollywood ha creado superhéroes y mitologías propias, y las ha impulsado con mucho dinero. El año pasado, Hancock fue un buen ejemplo de esto. Este año, Push, es otro más.
Push parece haber sido hecha a la misma velocidad que corre, o sea, muy rápido. Se trata de una clase de personas que son productos de experimentos nazis y que tienen poderes particulares. Unos son buenos, otros son malos y otros andan por ahí sin querer meterse en líos. El film corre muy rápido y no se detiene a explicar mucha cosa, sino que todo se habla más o menos a las corridas y entre golpe y golpe. Dakota Fanning llega a la casa de Chris Evans en Hong Kong (la niña tiene trece años y viajó hasta allí sola y de minifalda, sin que nadie se pregunte cómo lo logró), y le dice que tuvo una premonición por la que deben ir tras un maletín que puede guiarlos hacia una gran cantidad de dinero. Ella tiene premoniciones, él es telekinético, y a lo largo de la película se encuentra con muchos otros personajes con diversos poderes. Como los X-Men pero sin su historia ni uniformes de spandex.
Push
Ficha
EE.UU. 2009. Título original: Push. Director: Paul McGuigan. Guión: David Bourla. Música: Neil Davidge. Fotografía: Peter Sova. Elenco: Colin Ford, Djimon Hounsou, Dakota Fanning, Camilla Belle.
Atención a...
La ambientación escogida para la historia, en pleno Hong Kong, en zonas no demasiado turísticas. Barrios humildes, zonas sucias, ferias y enormes edificaciones son algunos de los escenarios en donde se desarrolla todo el film, cosa rara de encontrar en una producción de Hollywood.