La presencia del virus de la gripe AH1N1 extendido por varios países, aumentó el miedo y la ansiedad en los más sugestionables. Por temor a contagiarse, las personas adoptan todas las medidas recomendadas, y hasta el punto de la obsesión. Algunos prefieren no saludar a un amigo convaleciente de gripe o viajar de pie en el ómnibus si el compañero de asiento que le toca en suerte tose más de una vez. La psicóloga Laura Di Carlo opina que la gente está más vulnerable y que en muchos casos esas actitudes pasan por la capacidad de aprensión o la condición hipocondríaca de las personas frente a estas situaciones. Ella reconoce en los uruguayos una buena conciencia preventiva.
¿Quién no recuerda a Melvin Udall?: Melvin era un escritor de novelas románticas que sufría un trastorno obsesivo compulsivo, la cuarta enfermedad mental más común en los países desarrollados. Era un ser odioso y querible a la vez, que tenía pánico a contagiarse cualquier enfermedad. Lo interpretó magistralmente Jack Nicholson en la película "Mejor Imposible". Cubría sus manos con guantes desechables, frotaba con una franela los picaportes de las puertas, llevaba al restaurante su propio vaso y cubiertos y odiaba con todo su ser a quien le estornudara cerca.
Hoy en día, los Melvin Udall parecen haberse multiplicado en la sociedad. La presencia del virus, agiganta los miedos y la ansiedad de las personas más sugestionables.
La TV británica difunde un comercial que se desarrolla en un ascensor. Un hombre con gabardina viene descendiendo a solas, y en los siguientes pisos suben una madre y una niña, un anciano, y una pareja de novios que se saludan amigablemente. En ese momento, una voz en off anuncia que todos los pasajeros están en peligro, porque el hombre de la gabardina había estornudado sin taparse la boca, antes de que ingresara al ascensor el resto de los pasajeros. Sin duda, un comercial como ese logra infundir el miedo en las personas.
Los primeros fallecimientos en Uruguay por causa de la gripe AH1N1, cambiaron el comportamiento de la gente. Eso le ocurrió a Tomás quien al llegar a la oficina donde trabaja se encontró con una compañera convaleciente de gripe que lo saludó con un beso en la mejilla. El resultado fue que durante todo ese día Tomás no pudo pensar en otra cosa convencido de que lo había contagiado. También Patricia llegó a su escritorio y se encontró con que su alcohol en gel se había terminado, y en la empresa no quedaba más. Trató de ignorar lo ocurrido pero no podía concentrarse en su trabajo pensando en todos los microbios que podían haber dejado otras personas al hablar, toser o estornudar sobre su escritorio y su teléfono, y en las bacterias que tendría el teclado de su computadora. Hasta que no trajeron el desinfectante, Patricia no estuvo tranquila.
A Paula, lo peor que le pudo ocurrir una mañana fue que su compañero de asiento en el ómnibus tuviera tos. El hombre tosió dos veces y Paula, sin disimulo, se levantó y se fue al fondo del vehículo. Viajó parada pero se sentía a salvo.
Pero no todas son de cal. En una oficina del centro se supo que una compañera tenía la gripe, y la reacción fue muy sensata: utilizar alcohol gel, desinfectar escritorio y computadora de la joven y estar alerta, pero sin entrar en pánico.
VULNERABLES. La psicóloga Laura Di Carlo opina que el control, la conciencia y la prevención frente a una epidemia son necesarios, y advierte que en el caso de una pandemia, las personas se vuelven más vulnerables. "En situaciones de este tipo, uno no puede apartarse del contexto económico, social y político en el cual suceden. En este caso en particular, estamos pasando una crisis económica que ha afectado a todo el mundo, a las personas en particular, y a las relaciones. Vuelve la sensación de inestabilidad frente a aspectos básicos como el trabajo y las relaciones vinculadas a él. Además, estamos en año electoral. ¿Qué quiero decir con esto? Que hay varios factores que generan vulnerabilidad, ansiedad, estrés, inestabilidad, y en ese escenario se suma la epidemia", sostiene Di Carlo.
Abuso del alcohol gel
El alcohol en gel es un muy buen desinfectante para la piel, pero su uso exagerado puede causar diversos trastornos o empeorar enfermedades cutáneas.
Los médicos dermatólogos advierten que no debe exagerarse su colocación en las manos, ya que puede llevar a diversos trastornos: desde aumentar en gran medida la sequedad de la piel hasta provocar la aparición de una dermatitis de tipo irritativo, caracterizada por enrojecimiento, descamación, pequeñas ampollas y una sensación de intensa picazón o dolor, que involucra la palma y los dedos. El alcohol en gel debería limitarse a cuando no existe la posibilidad de lavarse las manos. Combinar ambas medidas puede resultar demasiado agresivo y provocar un efecto opuesto al buscado: eliminar las capas más superficiales de la piel que son precisamente la primera barrera contra las infecciones.