El Derecho Laboral y la Inversión

Aníbal Durán Hontou

Por estos días se produjo un fuego cruzado entre el Dr. Lacalle y el oficialismo, centrado en la inversión.

No suscribo los conceptos del ex presidente referidos a que los inversores deberían esperar a diciembre, para considerar invertir en nuestro país, aunque por supuesto hay acciones y dichos del oficialismo y del candidato del mismo que (por primera vez…) "hacen temblar las raíces de los árboles…" (este fenómeno climático fue anunciado por el Presidente hace más de un lustro, pero nunca sucedió).

El Ministro de Economía, entre otros voceros, mostró su extrañeza por los dichos de Lacalle y los refutó.

Pero ya que de inversión hablamos, vayamos a un camino más intrincado; vayamos a lo que ha venido pasando en el ámbito laboral, con la formulación de una serie de normas (leyes, decretos), que han tenido un común denominador: el sector empresario se ha opuesto.

¿Hay algo más en contra de la inversión que ese proceder? ¿Lo desconoce el ministro de Economía tan presto a observar los dichos de Lacalle?

En términos generales, el gobierno desde que asumió el 1° de marzo del 2005, en el plano laboral ha actuado con una filosofía prescindente respecto al sector empleador, o porque directamente no se le consultó o porque si eso sucedió, se hizo caso omiso a los planteos de aquél.

El inicio de una pléyade de normas cuestionadas, tuvo su origen en el decreto 145, de 2 de mayo de 2005, que no permitió más a la fuerza pública el desalojo de aquellas empresas que fueran ocupadas por sus trabajadores.

De allí al actual proyecto de ley sobre negociación colectiva, ha devenido una profusa normativa que puso el blanco en el sector empleador y que no ha dudado en "tirar el gatillo" para erosionar el equilibrio que siempre debe haber en una relación laboral.

Sucintamente mencionamos algunos ejemplos: la ley de libertad sindical que consagró el fuero sindical, la retención de la cuota sindical, la licencia sindical y otros aspectos, sin la consiguiente contrapartida de los empresarios.

La ley N° 18.091 aumentó el período de prescripción de los créditos laborales, en forma totalmente inconsulta con el sector empresario.

La ley N° 18.172 que consagró la responsabilidad solidaria de dueños, socios administradores o directores o sus representantes legales del incumplimiento de normas de seguridad y prevención. Lo absurdo ganó la batalla…

La ley de tercerizaciones, que desalienta la especialización empresarial y la eficiencia productiva, al tener que extremar recaudos por parte del empresario que corresponderían en definitiva al gobierno.

Sigue vigente el decreto 165, donde la ocupación es una extensión del derecho de huelga. Inconstitucional por donde se lo mire.

Dos proyectos de ley, uno de negociación colectiva (largamente vituperado por analistas y empresarios), y otro referido al proceso laboral autónomo, donde en aras de obtener más rapidez en beneficio del obrero, se cercenan garantías en detrimento del empresario, esperan su pasaje parlamentario y la promulgación del Ejecutivo.

Veinticuatro gremiales empresariales se vienen reuniendo con fluidez, reclamando y denunciando en todos los ámbitos que este torrente normativo es contraproducente para la inversión, desalienta a la misma y crea desconfianza.

¿Quién tiene la razón en este entuerto?

Estamos frente a la lucha de las ideas, que se expresan en forma de ideologías, políticas y los marcos conceptuales que determinan creencias y moralidades.

A fin de cuentas, son las ideas las que llevan a los pueblos a la paz o a la guerra, las que conforman los sistemas bajo los que la gente vive y las que determinan cómo los escasos recursos del mundo son compartidos.

Las ideas importan, e importa por tanto la cuestión de la razón por la que las ideas viven o mueren. La razón es el armamento de las ideas, el arma empleada en los conflictos entre puntos de vista. Pero así entendida, la razón puede tener enemigos.

Por ejemplo, el relativismo, la opinión que diferentes verdades, diferentes maneras de pensar, son todas igualmente válidas y que no hay un punto de vista autorizado desde el cual juzgarlas.

Pero entonces y sin más filosofía… finalicemos esta prosa y convengamos en una verdad irrefutable: se ha legislado en materia laboral en contra de la opinión de la Inversión Nacional (representada por las 24 gremiales citadas) y esa y sólo esa, sería la razón esencial para desandar este camino que ha vituperado el consenso, aspecto básico en todo relacionamiento humano y sin dudar, la quintaesencia en la órbita laboral.

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