SEBASTIÁN AUYANET
La mayoría de los discos de Polly Jean Harvey son difíciles en el acceso. Sin la voz y menos aún el sex appeal de otras féminas rockeras, lo suyo son los climas y las sombras. Y en trabajos como el dominante Uh huh her, eso le funciona.
Pero en este nuevo disco, su mentor, el productor John Parish, le saca el límite del piano, que definió a su anterior White chalk, y la atmósfera es ecléctica y de juego.
La ex de Nick Cave gruñe y suelta risas entre ramalazos de guitarra, percusiones africanas y ruidos, pero no queda un tema que capture la atención. El llamador del disco es la intención lúdica, pero eso apenas alcanza para darle una escucha y alabar el riesgo artístico. A Polly no le afectará, pero ya podríamos pedirle algo más inspirado, porque esto no está ni cerca de las canciones que entregó hace apenas año y medio.