Corrupción en las altas esferas

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Guillermo Zapiola

Dos asesinatos, un aparente accidente o suicidio y algunas acusaciones contra una transnacional de la seguridad parecen al principio hechos desconectados entre sí. A cierta altura, sin embargo, el periodista Russell Crowe comienza a atar cabos. Lo que al principio pudo parecer un asunto de rutina se convierte de pronto en un caso de primera plana, que involucra a otra periodista (Rachel McAdams), un político prometedor (Ben Affleck), su esposa engañada (Robin Wright Penn) y otra gente de comportamiento ambiguo.

No pretende ser gran arte, y básicamente es un `thriller` eficaz, con una intriga que crece, algunos intermedios de acción y un par de vueltas de tuerca sorpresivas. La presencia de Tony Gilroy entre el equipo de libretistas (es el hombre que ha escrito para el cine la serie Bourne, y dirigió Michael Clayton) permite sospechar ya la perspectiva desde la que está enfocado el material: básicamente una historia de Tom Clancy, pero en clave liberal. En vez de los comunistas o los árabes, los villanos últimos son las grandes corporaciones y la derecha republicana.

Hay un dato real e inquietante en medio de la aventura: la política de "tercerización de la seguridad" (en la práctica, privatización) que la administración Bush aplicara en Irak y que los malvados de la historia pretenden extender a los Estados Unidos. Obama debería hacer algo al respecto. Entre tanto debemos confiar en que periodistas honestos como Crowe y McAdams saquen las castañas del fuego, contra todos los obstáculos.

Los secretos del poder

Ficha

EEUU/Reino Unido/Francia 2009. Título original: State of play. Director: Kevin Macdonald. Libreto: Matthew Michael Carnahan, Tony Gilroy, Billy Ray, sobre serie de televisión creada por Paul Abbott. Intérpretes: Russell Crowe, Ben Affleck, Rachel McAdams, Helen Mirren, Robin Wright Penn.

Atención a...

La fluidez del relato, que corre durante algo más de dos horas sin agotar la paciencia del espectador. Esa solvencia artesanal, a la que se añade la de buena parte del elenco, permite disimular los huecos de un libreto que amontona mucho dato y se permite algún exceso de facilidad para resolver las cosas.

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