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Sortear obstáculos contribuye a unir más que la pasión. Hablar de lo que incomoda para buscar soluciones.
Ana Maria Abel
Toda relación humana conlleva momentos críticos. En el matrimonio, la estrecha convivencia facilita su frecuencia agravada por la actual cultura del ego que ignora el valor de mantener un compromiso. Los clásicos griegos escribieron mucho sobre las crisis con una connotación desvirtuada con el correr de los siglos, pues la etimología de "krisis" deriva del verbo krinein (yo decido) y significa "momento oportuno" para tomar decisiones que nos mejoran.
Ni el cansancio físico o psíquico, ni enfermedades, escasez de dinero o tirantez con las familias políticas son necesariamente luces rojas de una crisis matrimonial. Pueden pasar años donde estas situaciones resultan llevaderas y de pronto, empezamos a sentirlas como un peso. No es grave si hay sinceridad con nosotros mismos y con el otro; simplemente son obstáculos y sortearlos juntos, une más que la pasión de los primeros años. Las señales de alarma se encienden si permitimos que se instalen respuestas groseras, monosílabos o silencios tensos, ausencias prolongadas o distanciamiento de las relaciones íntimas y en especial las faltas de respeto.
Muchos creen que las discusiones y peleas son indicadores de que "esto no da para más". Los expertos consideran y la experiencia demuestra, que son uno de los mejores indicadores de la salud de una relación. El gran "quid" está en hablar a tiempo de todo aquello que incomoda para buscar juntos soluciones recurriendo, de ser necesario, a especialistas en temas matrimoniales y no sólo sexuales. José Benigno Freire, psicólogo español explica desde su experiencia terapéutica cómo, tanto desde el punto de vista antropológico como psicológico, el matrimonio posee una espontánea tendencia a no tener plazo, a ser para siempre: el amor a plazo fijo es contradictorio con la propia fuerza natural del amor: "El puro sexo sí puede tener fecha de caducidad. Pero la decisión voluntaria expresada en el registro civil y, en su caso en la Iglesia, de compartir totalmente la vida -que eso es el matrimonio- no puede tener fecha de caducidad a priori".
Al casarnos asumimos un compromiso: "prometo serte fiel en lo próspero y lo adverso, en la salud y la enfermedad y amarte y respetarte todos los días de mi vida". En la práctica puede dar la impresión de que la promesa fue diversa: "prometo serte fiel en lo próspero pero no en lo adverso, en la salud pero no en la enfermedad, y amarte y respetarte sólo cuando lo merezcas".
Hoy en día se llama amor a muchos "seudo amores", y muchos amores no sentidos reciben el nombre de "desamor". Lo entendió bien aquel marido cuando en el quinto aniversario del casamiento regaló a su mujer su fotografía con esta frase: "ámame cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite".
flia@iuf.edu.uy
En momentos de crisis financiera, es positivo que desde niños se aprenda a administrar pequeñas cantidades de dinero recibidas de los padres, familiares, o por pequeños trabajos en la casa. Administrar el propio dinero es una escuela de enseñanzas importante para la vida.
Los niños logran superar el miedo a la oscuridad si graduamos nuestra ayuda: si está acostumbrado a dormir con la luz prendida, apagar la luz del dormitorio y dejar encendida la del pasillo. Luego apagar esa luz pero estar en un lugar donde pueda oír nuestras voces.
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