De palo

La célebre frase de Obdulio Varela en Maracaná, "los de afuera son de palo", es un sabio principio aplicable a muchas áreas de la vida. Incluso a la diplomacia. Con esa frase, el capitán de la selección apuntó a algo fundamental. En el estadio había cientos de miles de espectadores brasileños que ya saboreaban la gloria del triunfo, pero el partido se jugaba y se decidía en la cancha. La idea también tiene otro significado: el público, los de afuera, no deben interferir con lo que sucede en el campo de fútbol.

Sería bueno proclamar el mismo principio para la campaña electoral y, en general, para la vida política en nuestro país: los asuntos de los uruguayos los resolvemos entre nosotros y "los de afuera son de palo". Sería una consigna con profundas raíces en las lecciones de la historia del Uruguay (aunque es posible que esto no sea precisamente aceptado por quienes opinan que la historia de nuestro país recién comenzó en el año 2005 y que todo lo anterior fue una sucesión de errores y desgracias que no sirven para nada).

La consigna sería beneficiosa por varios motivos.

Permitiría que la política exterior de nuestro país fuese dirigida, como corresponde, por el Ministerio de Relaciones Exteriores. En lugar de lo que ha estado sucediendo últimamente, con un precandidato del Frente Amplio realizando sus propias incursiones de diplomacia paralela en Buenos Aires. Con resultados bastante malos, por cierto.

Evitaría contaminar los vínculos con los países vecinos -que, por esencia, son relaciones de largo plazo-, porque esas actitudes pueden provocar reacciones de otros candidatos de diferentes partidos y la situación llevaría a un final de incierto desenlace. Los candidatos pueden olvidar sus diferencias después de las elecciones. Las relaciones internacionales son bastante más difíciles de reparar.

Y, eliminaría un motivo para que los miembros de los gobiernos de otros países aludidos, o sus representantes diplomáticos, se sientan obligados o justificados para emitir opiniones sobre asuntos internos uruguayos de manera improcedente. De esta forma, cuando el país se enfrente a una situación de ese tipo todos podremos decir: "Señor, ¡los de afuera son de palo!"

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