El público quiere poder reír en medio de las crisis

Era inevitable que además de la proliferación de super-héroes y terrores truculentos, la crisis financiera generara una proliferación de la comedia. La gente quiere divertirse, y como decía alguna tía vieja, para problemas alcanza con los que hay en la realidad.

Además de My life in ruins, el pasado fin de semana llegaron a carteleras norteamericanas otras dos comedias. Una de ellas es The Hangover, dirigida por Todd Philips y protagonizada por el ascendiente cómico Bradley Cooper, que cuenta una despedida de soltero de dos días en la que todo sale mal. La película ha sido probada en funciones previas para espectadores y críticos, sus productores están muy satisfechos por las reacciones obtenidas, y ya están hablando de una secuela cuando apenas la película está llegando a las pantallas.

La otra comedia de la semana es Land of the lost, traslación a la pantalla grande de una serie de televisión de los años setenta, que ha sido dirigida por Brad Silberling. En ella, Will Ferrell encarna a un profesor de ciencia con mala fama que es succionado por un torbellino junto a dos ayudantes (Anna Friel, Danny McBride), y van a parar a un lugar muy extraño. Ambos títulos se suman a otras comedias (Ghosts of Girlfriends Past, 17 again) que ya estaban en la cartelera.

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