Finalmente, la ministra del Interior, Daisy Tourné, ha renunciado a su cargo como resultado del escándalo que desató. Pero ello no borra su actuación calamitosa.
Ayer decíamos en esta página que el gobierno actual se caracteriza por la intemperancia. Hoy se puede agregar que esa intemperancia no sólo ha ido empeorando aceleradamente, sino que en el caso de la ex ministra Tourné, llegó a un extremo previamente in-imaginable.
Sus palabras y gestos fueron difundidos urbi et orbi por un informativo de televisión. Nos resistimos a repetir aquí las expresiones de la señora Tourné. Son tan soeces, tan desorbitadas, que no pueden seguirse citando. Ya en nuestra edición de la víspera brindamos el detalle de las mismas, pronunciadas nada menos que ante un grupo de jóvenes. No corresponde reiterarlas. Son sencillamente una verdadera vergüenza, no sólo por su grosería sino porque al pretender enlodar a políticos de todos los partidos, incluido el de gobierno, así como en realidad a toda la población, hundieron la tenue respetabilidad que pudiera quedarle a esta señora.
Ya otras figuras del frenteamplismo habían ido marcando su derrotero con lo que de manera eufemística podría definirse como "malas palabras". Tal el caso del hoy senador José Mujica. Pero ni aún él llegó jamás a lo de la ministra Tourné.
Estamos además ante un auténtico escándalo nacional, puesto que para ignominia de todos los uruguayos, el hecho sin duda será difundido fuera de fronteras.
Mientras el país sufría bajo la inseguridad, resultante en gran parte de un mal manejo del Ministerio del Interior, mientras se informaba que los delitos violentos iban aumentando en forma preocupante, la titular de dicha secretaría de Estado, no sólo no se desempeñaba en la forma debida sino que pretendió refutar críticas con gruesos insultos, desparramando agravios a diestra y siniestra.
Esta dama, que se ha manifestado en la forma arriba descripta, se deslizó con ello hacia el terreno del disparate. Sus dislates tienen que ser tomados sencillamente como tales. Y en estos momentos no puede haber mejor noticia que la de su alejamiento.