ALEJANDRO NOGUEIRA
Ayer, en radio Carve, el asesor de la OPP, Juan Manuel Rodríguez, se lamentaba del relativo fracaso de la carne picada popular a 59 pesos que intentó imponer el gobierno a frigoríficos, supermercados y carnicerías. Contaba Rodríguez que unos se echan las culpas a otros, que los supermercados dicen que los frigoríficos no la producen, que los frigoríficos dicen que a los supermercados no les interesa porque le ganan más a la carne picada que podríamos llamar "del mercado". Y los carniceros dicen que no tienen donde conservar la carne congelada y que la gente la pide poco.
En este, como en otros intentos de lograr "acuerdos de precios" entre los privados y el gobierno, los resultados son frustraciones o pequeñas promociones marketineras como supo ser el efímero "asado del Pepe" o el "peceto OPP". A menos que se importe y contrate al argentino Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior de Argentina, y se le otorgue un contexto institucional y político similar al del vecino país estos precios "administrados" no prosperan. Con Moreno funcionan los "precios" como también los números de la economía argentina en los que ya nadie cree.
Hoy se agita el debate del "populismo" de José Mujica, pero la gran cuestión es si de lo que se está hablando es de un gobierno estatista e intervencionista dispuesto a violentar las leyes del mercado y las leyes a secas.
Hay afirmaciones que, a esta altura, no necesitan probarse: que Mujica estás más alineado con Hugo Chávez que con Michelle Bachelet, es obvio. Pero el candidato del FA se pasa, últimamente, mentando a Lula. Que el programa del FA para 2010 es más estatista e intervencionista, surge de las propias letras de molde. Pero no indica necesariamente que se aplicará, como muchas cosas del programa de 2004 no se aplicaron (lo dicen los propios dirigentes frentistas). La realidad pudo más.
Lo cierto es que Mujica, y otros de su entorno, reaccionaron como basiliscos ante la tipificación y hasta se acordaron de la abuela del economista Talvi. También ocurrió algo similar cuando Néstor Kircher salió a apoyar la candidatura de Mujica. Resulta evidente que el candidato no quiere que se lo asocie ni como populista ni como pro kirchnerista. Y para esto, más que palabras, se necesitan hechos y menos ambigüedades de discurso.
El candidato del FA no va a los eventos empresariales pero pasa mensajes a los empresarios y banqueros de tono tranquilizador, aunque luego tire, aquí y allá, mensajes y promesas populares que inquietan a las personas pensantes con solo ponerse a hacer cuentas.
Mujica parece tener claro, pese a todo, el valor de la estabilidad macroeconómica, pero su gobierno, mucho más que el de Tabaré Vázquez, va a generar inestabilidades microeconómicas. De su monto e intensidad dependerá su efecto, que puede ser totalmente contrario al que pregona en su discurso, para la infelicidad de quienes quiere defender.