Colombo | El gobierno de Sri Lanka proclamó ayer el final de la guerra de 37 años contra los rebeldes tamiles, después de la muerte de todos los dirigentes de la guerrilla separatista, incluyendo a su jefe Velupillaï Prabhakaran. Las tropas gubernamentales mataron a 300 insurgentes y se apoderaron de su reducto de un kilómetro cuadrado en el noreste de la isla.
En medio de la euforia gubernamental, varias organizaciones internacionales como la Cruz Roja acusaron a las autoridades de impedir el auxilio humanitario a los civiles víctimas del conflicto, incluidas atención médica elemental para los heridos.
Analistas occidentales se mantenían prudentes porque, sostienen, es demasiado pronto para decir si se puede en verdad considerar concluido un enfrentamiento que provocó en su larga historia más de 70 mil muertos y causó en el último año 250 mil refugiados internos. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, viajará a Sri Lanka para analizar junto al presidente la situación de los civiles desplazados. ANSA y AFP