ALEXANDER LALUZ
Un grupo que dice De todo. Un quinteto que canta De todo. Y un disco De que no podía ser De otro más que de Alberto Wolf y Los Terapeutas. Hoy estos muchachos "tuqueros" tocarán en la Sala Zitarrosa, a las 21, para presentar este nuevo material.
Algún abrigo y paraguas serán indispensables para esta noche. Estamos en Montevideo, con el invierno en la puerta, y los pronósticos de lluvia en los titulares. Adentro, en la sala, el tiempo va a ser distinto. No fue anunciado por ningún predictor estrella, sino por estos cinco señores de la música que tienen una larga carrera como terapeutas.
El que encabezará la terapia será Alberto "Mandrake" Wolf, que en materia de levantar temperatura musical tiene experiencia. Los otros cuatro no se quedan atrás. Ellos son (por si todavía queda alguien que no los conozca): Pedro Aleman y en guitarras, un prócer: Daniel Jacques en casi todo, bajo, guitarras, coros; Gonzalo Gravina en teclados y Luis Jorge Martínez con la batería.
Con este equipo, las jugadas de gol están cantadas desde el primer remate. Una fija: la primera, sea cual sea, seguro que va al fondo de la red, y los hinchas, junto con los incondicionales (los veteranos y los más jóvenes) saldrán con ellos a dar la vuelta olímpica. Por esta razón, los Graffiti, la versión vernácula de los "grandes" premios internacionales, ya tienen nominado al quinteto de Mandrake en las categorías de mejor videoclip (por la canción De desesperados), mejor productor (Guillermo Berta, baterista de Sinatras), mejor compositor (ya lo saben: Mandrake), mejor álbum de rock (¿dijeron de rock?, ¿dijeron fusión?, habrá que escuchar lo que él dice sobre esto), tema del año (por De desesperados) y, por todo esto, también compiten por mejor álbum del año (De, Sondor, 2008).
Sabemos bien que los premios están signados por muchas variables. Claro, una, entre tantas, es la musical. Así que si se llevan todos estos galardones, será un reconocimiento más que merecido a esa razón, la música, tan olvidada por los apuros del mercado. Si se llevan algunos o ninguno, también. La obra de Los Terapeutas seguirá teniendo el mismo sonido, el mismo lenguaje, con el que han urdido hasta ahora tantas historias de sensibilidades urbanas, candombes, "tocos" a lo Mateo, personajes que saben escuchar "al pasto crecer", que toman "juntos en ese bar" con otro señor del tiempo, el Príncipe, se encuentran con Miriam en el Hollywood o con "el chileno y la brasileña". Lista abierta de tópicos que hacen a los proyectos de identidad.
Cómo viene la mano. Ayer, poco después del mediodía, Alberto Wolf habló de muchas historias, músicas, vocaciones y proyectos con El País. Recién había llegado a su casa, después de dejar a su hijo Pascual, de 7 años, en la escuela. Y con la comodidad de una sobre-mesa, volvió sobre su proceso de crecimiento como creador, como cantor de historias tomadas de los paisajes humanos más cercanos.
"Es algo que vengo haciendo desde hace muchos años. Escribir canciones es contar historias, muchas cosas", dice mientras organiza los pensamientos, las ideas que se van atropellando. "La canción es algo incalificable, puede ser literatura, puede ser música, u otra cosa. En realidad es un género en sí mismo, algo distinto a todo lo demás, y eso es porque la palabra cantada es muy distinta a la palabra hablada o escrita". En ese género, sus canciones son "como visiones interiores, como el título de aquel disco de Stevie Wonder, pero también como una fotografía, una pintura de la realidad que me rodea, pero hecha desde mi visión. Son historias de amor, de la guerra, pero todo pasa por el tamiz mío". Contar, cantar esas historias "es algo que yo haría así fuera un millonario o un indigente, porque es una necesidad muy fuerte, una urgencia de sacar cosas para afuera. Y es lo que hago más allá de que la música es mi oficio y de lo que vivo. Es una necesidad y un laburo de 24 horas.
Esa misma urgencia es la que dio forma a De, el último disco de Los Terapeutas, con un grupo de diez canciones compuestas entre 2006 y 2008. "Una vez que tuve las canciones me encontré con Daniel Jacques (bajista, arreglador de la banda), mi mano derecha, y empezamos a trabajar, a pelotear los temas". Pero para este disco "pasó algo que no pasó con los anteriores: tuve la imperiosa necesidad de tener un productor, alguien que fuera ajeno al grupo y diera otra visión". Así fue que contactaron a Guillermo Berta (baterista de la banda Sinatras), un muy joven músico con quien Mandrake y el resto del grupo sintonizaron a la perfección. Esa sintonía, sin lugar a dudas, se escucha en el disco y reconfirma la capacidad de estos veteranos tuqueros para transformar las diferencias generacionales en un elemento creativo.
Las canciones de este disco, que el propio Mandrake siente como parte de una trilogía con los dos anteriores (Amor en lo alto y Hay cosas que no importan), serán el eje medular del concierto de esta noche en la Zitarrosa. A ellas se sumarán "8 canciones de nuestra última época, algún cover y alguna sorpresita más". Un espectáculo que, desde "el vamos", promete altas temperaturas musicales, varios invitados, y una generosa terapia de swing con especialistas de probada experiencia.
Dos décadas derrochando swing
El año 1985 marcó la irrupción de Mandrake Wolf en el mundo del disco. Fue con una producción realizada con El Cuarteto de Nos, con quienes compartía el escenario en el recordado boliche montevideano Gra-ffiti. En aquella época, la banda se llamaba simplemente Alberto Wolf, pero luego mutó a Alberto Wolf y Los Terapeutas, una idea sugerida por Luis Alderotti, el tecladista del grupo en aquel entonces. De ahí en más siguieron muchísimos recitales, cambios en la formación y discos como Mestizo en todos lados, Candombe del no sé quién, hasta los tres últimos: Amor en lo alto, Hay cosas que no importan y De.