Berlín | Falta sólo un informe médico para que John Demjanjuk, acusado de participar en al menos 29.000 asesinatos en 1943 cuando era esbirro de la SS en el campo de exterminio de Sobibór, se enfrente a la justicia como uno de los últimos criminales vivos del nacionalsocialismo. El mecánico jubilado, nacido en Ucrania hace 89 años, aterrizó ayer en Munich tras su extradición de EE.UU. Una ambulancia lo transportó del aeropuerto a la prisión muniquesa de Stadelheim poniendo fin así a varios meses de tensiones respecto a su extradición, solicitada en marzo.
Hay documentos que demuestran que Demjanjuk estuvo en Sobibór, uno de los tres principales campos de exterminio, junto con Treblinka y Belzec, los tres en territorio polaco. Allí fueron asesinadas más de 1.500.000 personas, casi todos judíos. Para su funcionamiento, los alemanes se sirvieron de ayudantes que reclutaban entre los prisioneros de guerra soviéticos. El historiador berlinés Wolfgang Benz explica que los alemanes ofrecían a soldados presos que no fueran comunistas la posibilidad de abandonar las duras condiciones de los campos de prisioneros para convertirse en colaboradores del Holocausto. A los que aceptaban les ponían una especie de uniforme, les daban armas "pero poca munición" y los llevaban a los campos de exterminio con patente de corso para tratar como quisieran a los judíos. Su función primera era "sacar a los deportados a golpes de los vagones de transporte y obligarlos a que se desnudaran". Después, escoltarlos a la muerte. Allí no se hacía más.
Bajo la vigilancia de los alemanes de la SS, los esbirros como Demjanjuk comían bien, disfrutaban de licores y de otras prebendas y no pasaban frío. Las tareas peores, como la de arrancar los dientes de oro a los miles de cadáveres diarios, quedaba para pequeños grupos de judíos que eran asesinados cada par de semanas.
Demjanjuk ha pasado por diversos procesos desde 1977, cuando lo identificaron como "Iván el terrible" un guardia del campo de exterminio de Treblinka célebre por su brutalidad. Un tribunal de Israel lo condenó a muerte en 1988, tras considerar probado que John Demjanjuk, cuyo nombre ucraniano es Iván, era aquél "terrible". La pena quedó anulada en 1993, después de que un informe de los servicios secretos soviéticos lo exculpara de haber estado en Treblinka. Demjanjuk regresó triunfante a EE.UU., cuya nacionalidad recuperó para perderla de nuevo en 2002.
Aparte de aquel período de juicios, la posguerra de Demjanjuk ha sido bastante tranquila. 66 años después de su paso por Sobibór como vigilante se encuentra ahora en la cárcel de la Stedelheimer Strasse, la misma en la que Adolf Hitler pasó un par de días de 1922 por "alteración del orden público" y se convirtió después en otro escenario del terror nazi hasta 1945. El País De Madrid