Postgrados

Las autoridades de la Universidad de la República parecen inclinarse por la tesis de la absoluta gratuidad, una decisión que eliminaría la posibilidad de cobrar matrícula para cursar los grados e impediría cobrar por los postgrados. El rector de la Universidad, Rodrigo Arocena, encabeza esta postura extrema, basado en una interpretación de la nueva ley de educación, en tanto algunos decanos e integrantes del orden de egresados discrepan con esa posición en lo que refiere a los postgrados.

Sostienen los discrepantes, con razón, que es injusto que los contribuyentes financien la especialización de los profesionales ya graduados que trabajan en sus respectivas carreras. La eliminación del cobro de los postgrados acentuará el carácter regresivo de la política de la Universidad de la República en donde estudia un mínimo porcentaje de alumnos de origen humilde, mientras sus aulas reclutan a representantes de la clase media y media alta. Así, los recursos procedentes de impuestos que todos pagan, se vuelcan a una institución que los invierte sólo en beneficio de ciertos grupos sociales.

Si la negativa absoluta a cobrar matrícula es discutible, la referida a declarar gratuitos los postgrados es absurda.

Es natural que los profesionales busquen especializarse a medida que progresan en su profesión y cuenten con recursos propios. Además, la experiencia de varias facultades indica que muchas veces son las empresas las que costean los postgrados de sus empleados en procura de mejorar su formación. De aquí en más se les dirá que no, que el erario público se hará cargo de esa tarea.

Con la escasez de recursos siempre denunciada por la Universidad, la clausura de esta fuente de ingresos repercutirá en la calidad de los postgrados a dictarse, algo que favorecerá a las universidades privadas, cada vez más competitivas en esta materia. En suma, quien conozca la realidad de la Universidad de la República debería saber que, si se adopta esta decisión errada, a la larga caerá la oferta de postgrados y su calidad, algo que provocará un descenso en el nivel general de la educación que allí se brinda.

¡Un poco más de cordura, señores!

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