La justicia penal analiza el procesamiento de cincuenta funcionarios de tres sanatorios del Casmu que abandonaron sus tareas en los Centros de Tratamiento Intensivo, dejando sin la debida atención a decenas de pacientes en estado delicado, entre ellos niños enfermos de gravedad. La figura penal en cuestión es "omisión de asistencia" que se tipifica a quien "dejare de prestar asistencia" a personas cuya vida o integridad física "corra peligro".
La denuncia penal contra los funcionarios fue efectuada por la Junta Directiva del Casmu.
Corresponde seguir al detalle esta instancia judicial en donde entran en juego los derechos de los pacientes y los necesarios límites de la actividad sindical. Como todos los derechos garantizados por la Constitución, el de huelga no es absoluto, sino que debe acotarse cuando puede causar perjuicios irreparables o lesionar otros derechos esenciales.
En este caso, el sindicato del Casmu sostiene que dejó a cargo de los CTI unas guardias mínimas, aspecto a confirmar en la indagatoria judicial. A ello deben contraponerse las acusaciones y quejas de particulares que sufrieron el abuso sindical.
El sindicato, Afcasmu, gestiona ante las autoridades de la mutualista el retiro de la denuncia penal. Empero, todo indica que nada detendrá la acción ya iniciada cuyo desenlace debería convertirse en un ejemplo ilustrativo de que existen ciertos límites que la acción sindical no puede traspasar. Es verdad que los problemas de la institución son graves, que sus empleados han cobrado con retraso y con quitas sus haberes, en ocasiones incluso gracias a algún préstamo del gobierno. Pero esas penurias, propias de una entidad cuyas deudas se sitúan en la imponente suma de 100 millones de dólares, no justifican en modo alguno que se abuse del derecho de huelga y se tomen de rehenes a los más débiles, aquellos cuya vida pende de un hilo, como son los pacientes de los CTI.
Además, hay que decir que los antecedentes de Afcasmu no son buenos, en especial si se recuerda aquel episodio de años atrás en donde hubo insultos y hasta un inaudito intento de agresión al entonces presidente Jorge Batlle.