Un exceso

El vicepresidente de la República, el Sr. Rodolfo Nin Novoa, está involucrado en un procedimiento de investigación penal. Esto le puede suceder a cualquiera, aun al más puro de los inocentes. Pero es el protagonista de los hechos denunciados. Su investidura es la segunda en el rango institucional. El Presidente del Senado y de la Asamblea General es la figura principal de uno de los dos Poderes de gobierno.

Pues bien, ha trascendido que debido a algunas filtraciones del presumario que no debieron ocurrir, a Nin Novoa se le ocurrió llamar telefónicamente a Madrid, en donde estaba el Presidente de la Suprema Corte de Justicia para elevar una protesta que implícitamente está cuestionando un proceder de una repartición judicial. Esto nunca debió ocurrir. Es una exageración, porque más allá de la transgresión o no, de normas legales expresas, lo que importa es que el hecho ingresa como excesivo en el ámbito -sagrado- del principio se separación de poderes.

Se puede llegar a comprender la molestia del Vicepresidente -leer en un diario un interrogatorio personal que aún no le ha llegado- pero lo que no es admisible es esa reacción. El mismo resultado que pretende -dijo que garantías procesales- lo pudo obtener a través de su patrocinante dando un primer paso para advertírselo a la Magistrada actuante.

Pero que el máximo Jerarca del Poder Legislativo -que entre otros cometido tiene el de fijar las retribuciones de un Poder del Estado, que ni es de gobierno ni tiene autonomía presupuestal- le pase a este último una monserga; no es elegante, no es habitual, no es equilibrado, y es de dudoso ajuste a los principios fundamentales que sustenta y consagra nuestra muy republicana Constitución.

El Vicepresidente además, tiró contra su propio arco, pues agitó las olas logrando concentrar la atención de la gente en un tema que no estaba en la palestra y que ahora sí da motivo a comentarios.

Con razón se dijo que "no cualquier vecino" llega tan directo al Presidente de la Suprema Corte, de persona a persona, en comunicación transoceánica.

Fue un exceso de poder

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