Escribiendo con las manos atadas

Luciano Álvarez

Sankt Radegund es una localidad de la Alta Austria en el distrito fronterizo de Braunau am Inn. Allí nació Franz Jagerstatter, el 20 de mayo de 1907. Adolf Hitler nació en el mismo distrito.

Franz era "un hijo ilegítimo". Su padre murió en la guerra y su madre, Rosalie Huber, se casó con Heinrich Jagerstatter quien le adoptó, le dio su apellido, le ofreció una buena biblioteca y una profunda religiosidad.

El joven Franz se parece más a los sólidos, emotivos y peleadores irlandeses de las películas de John Ford, que a los austríacos cantores de la "Novicia Rebelde": le gustaban las motos, tomar cerveza con sus amigos y pelearse con barras de otros pueblos, en defensa de sus posesiones, especialmente las femeninas.

En 1933, tuvo una hija con Theresia Auer, una muchacha del pueblo. Entonces se fue a trabajar en las minas de hierro de Steiermark, en Alemania, para poder mantener a la madre y a su hija. Nunca dejaría de ocuparse de aquella niña, Hildegard, aún luego de haberse alejado, sin heridas, de su madre.

Eran los años del ascenso del nazismo. Como católico, Franz siguió con atención el magisterio de su obispo Johannes Maria Gföllner. El 21 de enero de 1933 en toda la diócesis se dio lectura a un documento del obispo donde se condenaba inequívocamente al nazismo -"no es posible ser católico y nazi"- y particularmente al mito de la raza, "absolutamente incompatible con el cristianismo. (…). Despreciar, odiar y perseguir al pueblo judío sólo a causa de su origen es inhumano y anticristiano."

Entonces, los militantes nazis clavaron en la puerta de la imprenta católica de Linz un cartel con tres palabras "Cristo, judío, muérete."

En Sankt Radegund el temblor del mundo se sentía todavía bastante lejano.

En 1936, durante una fiesta del pueblo, Franz conoció a Franziska Schwaninger, una hermosa granjera que había aspirado a entrar en un convento, pero fue rechazada por "reírse demasiado". Se casaron el 9 de abril a las seis de la mañana. Él la subió a su moto y se fueron de luna de miel a Italia; hecho totalmente inusual para unos campesinos. Pero la moto de Franz, algunos ahorros y su voluntad de conocer el Vaticano lo hicieron posible.

Tres hijas llegaron sucesivamente e hicieron familia a aquellos amantes armónicos y divertidos.

Eran malos tiempos para la felicidad.

El 12 de marzo de 1938, el ejército alemán entró en Austria. El Obispo de Viena, Theodor Innitzer apoyó la entrada de los nazis a Austria, pero Mons. Gföllner se negó a saludar al Führer, respaldado por la encíclica Mit Brenneder Sorge (14 de marzo de 1937), que condenó explícitamente al nazismo e insiste sobre el valor central de los Mandamientos. Consecuentemente muchos sacerdotes de Linz fueron encarcelados y enviados a campos de concentración.

El pueblo de Sankt Radegund rechazaba a los nazis. Ningún ciudadano aceptó asumir la alcaldía vacante. Franz, junto al párroco Karobath, estuvo entre los más activos; incluso renunció a la Asociación Nacional de Agricultores, en protesta pública contra su tolerancia frente al nazismo.

Así y todo, procuraba comprender la conducta de parte de la Iglesia: "No debiéramos apedrear a nuestros obispos y sacerdotes -escribió-, al fin y al cabo son hombres, (…) pueden ser débiles, (…). Quizás estaban poco preparados para sumarse a la lucha y tener que decidir si vivir o morir."

En Sankt Radegund la gente se fue entregando. Franz tuvo que mirar con desilusión como el maestro realizaba un mitin nazi en la plaza del pueblo.

El 10 de abril de 1938 se realizó el plebiscito que legitimaría la anexión al Reich. Todo el mundo sabía que los dados estaban echados y el terror había hecho su obra. Sin embargo Franz anunció que votaría "No". Todos sus amigos intentaron disuadirlo, era una locura, incluso un riesgo para la comunidad. Franziska recuerda: "Fue la única vez que discutimos, hasta lo amenacé: `si lo haces no te quiero más`, le dije."

Franz votó "no", inútilmente. El escrutinio dio un 100%, como en todo el país. De todos modos fue a protestar por su voto anulado.

A fines de 1939 fue llamado a filas de la reserva y asignado a un cuerpo motorizado. Estuvo siete meses y la pasó muy mal. Sí, Franz Jagerstatter usaba sus ojos, oídos y alma para registrar lo que los demás no querían ver. El 27 de febrero de 1941 le escribe a Franziska desde su cuartel en Ybbs: "Es una hermosa ciudad sobre el Danubio que tiene un instituto para enfermos mentales bastante grande, que habitualmente estaba lleno. Sin embargo ahora, no hay casi nadie. Aunque todos los locos se hubiesen curado, me pregunto por qué no ingresan otros. Querida esposa, probablemente es verdad lo que me han contado que hacen con estas personas. Como me dijo un paisano de aquí: deben de ser cosas bien tristes."

En abril de 1941 volvió a casa con una convicción: "Si me llaman, yo no serviré a los nazis", le dijo a su esposa y se puso a escribir sus argumentos.

Pasaron dos años; el 23 de febrero de 1943, recibió la carta que tanto temía. Cuando firmó la notificación le dijo a su esposa: "acabo de firmar mi condena a muerte".

Nuevamente tratan de convencerlo. Su madre en primer lugar, el viejo párroco, Karobath, y el nuevo, Fürthauer; sus amigos le ofrecen esconderlo en el monte. Franz no acepta. "Siempre nos venció citando las Escrituras", recordó Karobath.

Como último recurso le proponen una consulta a Mons. Fließer, Obispo de Linz que había sustituido a Gföllner. Franz Jagerstatter llevaba escritas once preguntas que esencialmente pedían respuestas imposibles: Qué es una guerra justa; como lo que era pecado ayer ya no lo es hoy, porque nuestros soldados son considerados "héroes y santos" y nuestros enemigos que defienden su patria, no. Cómo se puede defender el nazismo por las armas si la Iglesia ha enseñado que no se puede ser nazi y cristiano a un tiempo…

La reunión duró media hora. Franziska recuerda que "salió triste y frustrado: el obispo casi no abrió la boca y Franz estaba convencido que no hablaba por miedo de estar frente a un espía."

El 27 de febrero Franziska y Franz se abrazaron largamente en la estación de trenes. El 1º de marzo se presentó en el cuartel. En la mañana del 2 comunicó su rechazo a servir en el ejército nazi; inmediatamente fue enviado a la cárcel de Linz, iniciando su largo calvario; el 4 de mayo pasó a Berlín. La esposa pudo visitarlo una vez; en julio fue condenado a muerte y decapitado el 9 de agosto de 1943.

Durante su prisión escribió numerosas cartas, procurando tranquilizar y consolar a Franziska. El 6 de julio dice:

"Estoy escribiendo con las manos atadas, pero es mejor hacerlo así que con la voluntad encadenada. A veces Dios nos muestra abiertamente su fuerza, que concede a los hombres que le aman y no prefieren la tierra al cielo. Ni la prisión, ni las cadenas, ni siquiera la muerte pueden apartar al hombre del amor de Dios, o arrebatarle su voluntad libre."

Pasaron 64 años. El 26 de octubre de 2007 fue beatificado por la Iglesia Católica.

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