DIEGO FISCHER
Se escucha hablar en inglés, francés, italiano, alemán, portugués, español castizo y español en las distintas variantes de América del Sur. Sólo hay que caminar unos pasos por Florida o Santa Fe y las lenguas extranjeras se hacen oír más que nunca. Es que en este feriado de Semana Santa, Buenos Aires fue abandonada por los porteños en tropel e invadida por los turistas por doquier. En estas horas está más calma; esa transitoria serenidad permite caminarla y recorrerla disfrutándola en plenitud.
Sigue siendo la ciudad majestuosa y elegante que nada tiene que envidiarle a París o a Madrid. Limpia e iluminada como hace años no lucía (se ve que el cambio de administración municipal le ha sentado bien) sorprende al visitante, aún al más asiduo. Y si uno se abstiene de leer los diarios y ver los informativos de televisión, nada le indicará que la economía argentina está enfrentando dificultades y que el país atraviesa por un conflictivo momento político. Aunque las heridas del 2001 aún no han cerrado y se traducen en niños y personas mendigando en Florida de avenida Córdoba hacia Plaza de Mayo. Las recomendaciones que recibe el visitante ni bien llega al hotel, hablan que la seguridad es también aquí una preocupación mayor; en contrapartida la presencia policial es notoria en las calles y avenidas; también los guardias de seguridad privada se ven en comercios y paliers de edificios.
Pero Buenos Aires sigue siendo la ciudad de las mil propuestas: del buen teatro, de una oferta gastronómica infinita, de las tiendas con vidrieras decoradas con un gusto exquisito, de los kioscos de diarios y revistas en cada esquina y de los floristas apostados en todas las avenidas, de lugares únicos como el Grand Splendid (Santa Fe y Callao), el antiguo teatro transformado hace ya unos años en una de las librerías más espectaculares y mejor surtidas del mundo. Allí uno puede pasar toda una tarde leyendo y escuchando música, sentado en un remozado palco, sin obligación de comprar nada, aunque dudo que un lector resista la tentación de abandonar el lugar sin adquirir, al menos, un libro.
Buenos Aires, la que sueña con el mar desde el río, la que evoca siempre a Piazzolla y a Borges, la que nos sorprende y nos fascina. La que con su empuje y dinamismo se ha convertido en la capital turística del continente. La reina del Plata.