Proyectos infecundos

Observando desapasionadamente la gestión cumplida por el gobierno frenteamplista en su último año llegamos a la conclusión de que muy poco o nada tiene que ver con el Uruguay productivo, innovador y competitivo que prometió lograr. Tres medidas -enarboladas como emblemáticas por sus partidarios- así lo confirman: la eliminación de la ley de caducidad, la cuota de participación femenina en las listas de candidatos políticos y la concesión del derecho a votar a los uruguayos, y a sus descendientes, residentes en el exterior.

La derogación, anulación o eliminación -comopreténdase llamarla- de la ley de caducidad acudiendo a la vía plebiscitaria, nos enfrenta al pasado no al futuro de nuestra nación. Nadie puede ni debe minimizar el sufrimiento ocasionado en las cámaras de tortura y muerte ni, tampoco, el derecho que asiste a quienes quieren saber dónde yacen los restos de sus seres queridos. Pero la verdad es como el globo terráqueo: no tiene una sola cara. Y la verdad es que el pueblo uruguayo plebiscitó y aprobó dicha ley porque entendió que las heridas abiertas a lo largo de las décadas del 60, 70 y parte del 80 no podía cerrarse concediendo una amplia y generosa amnistía sólo a quienes atentaron contra nuestra democracia (tupamaros y sus compañeros de ruta) y no, en cambio, también a quienes los derrotaron cuando fueron convocados a defenderla pero que la vulneraron posteriormente (dictadura militar entre 1973 y 1985).

De ahí que la ciudadanía consagrara la ley de Caducidad de la intención punitiva del Estado. Se quiso, sensatamente, dar vuelta una triste página de nuestra historia reciente.

¿Por qué es que ahora se pretende borrar una auténtica decisión popular, adoptada por la generación que vivió directamente aquellos complejos y dolorosos momentos? ¿Se busca una justicia unilateral dando rienda suelta a un insano espíritu de venganza?

Otro aspecto de la falsa productividad frentista radica en otorgarle a la mujer una participación cuotificada obligatoria en las listas electorales. ¿Es que hay en nuestra legislación alguna norma que le impida a las mujeres postularse a cargos electivos? ¿Es que nuestra sociedad es tan fundamentalista que ordena a la mujer cómo vestir, hablar y actuar, en qué circunstancias y dentro de qué márgenes? Nuestra historia desmiente terminantemente que existan esas limitaciones. En materia política, vota desde 1946.

Hubo y hay mujeres muy valiosas en todas las áreas de la actividad nacional ¿Por qué discriminar en su favor cuando nuestra carta magna establece que no se reconocen otras diferencias que las que emanan de los talentos y las virtudes? ¿Acaso no se advierte que se ofende a las mujeres que brillan con luz propia cuando se las beneficia de la manera indicada? Es obvio que cada uno se hace de un lugar en el mundo según su vocación, inteligencia y capacidad.

Con absurdos de este tipo, nuestra sociedad haría a un lado aquello de los talentos y las virtudes y perdería competitividad en todos los campos.

Una breve referencia, por último, al posible plebiscito sobre el voto del exterior. Se habla de "la patria peregrina", de los que "han sufrido el desarraigo", de "uruguayos con los mismos derechos", etc.

Dígase lo que se diga, lo cierto es que el que emigra lo hace porque quiere y puede hacerlo, pues el suyo es un acto voluntario en el que pueden influir muchas circunstancias, pero en el Uruguay no rige el famoso ostracismo helénico.

Por otra parte, no es posible adjudicar o reconocer derechos si estos no están acompañados por las correspondientes obligaciones.

¿Cómo admitir la capacidad de elegir, presidente, legisladores, intendentes, ediles si no se cumple con el deber de pagar impuestos -que satisfacen todos los ciudadanos residentes en el país- para hacer que su gestión sea posible? No tiene sentido ceder ante un sentimentalismo tan irreal, poco práctico y, en el fondo, injusto.

Como concesión máxima podría admitirse, a título simbólico, que los casi 600 mil uruguayos que viven en el exterior -lo propone el Dip. J. Trobo- pueden elegir dos o tres representantes pero no intervenir en la elección de autoridades mayores.

En resumen: los tres planteos precedentes son irrelevantes porque significan nulos aportes para consolidar nuestro futuro.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar