Keith Urban, la hora de la reconstrucción

El australiano llamado a llevar el country al mundo vuelve con "Defying gravity"

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SEBASTIÁN AUYANET

Las vueltas de la vida hicieron que Nicole Kidman apareciera en la vida de Keith Urban, una estrella de la música country que rondando los cuarenta estaba ahogado en un vaso de whisky. Pero todos sabemos lo que pasa cuando el amor golpea la puerta.

Año 2006. Love, pain & the whole crazy thing es el nombre del disco que un cantante neocelandés de country con alta reputación está por lanzar. Aún no llega a los cuarenta y las figuras del ambiente lo respetan tanto como las emisoras de música country, que alternan su música con la de John Mayer y algunos otros.

El compositor en cuestión suelta el disco que le va a dejar más reconocimientos de toda su carrera (entre ellos el de mejor vocalista de country de ese año) y se interna en una clínica de rehabilitación para sacudirse su adicción a las sustancias.

Se llama Keith Urban, y hoy puede contar el cuento. Aunque ese disco se llevó un doble platino y produjo éxitos varios (I told you so y Stupid boy), Urban no pudo ver nada de eso. Por suerte, todo el dinero y el prestigio recaudado en ese trabajo lo estaban esperando a la salida de la clínica. "Alguna gente no lo logra, así que estoy muy agradecido de estar en el lugar que estoy hoy".

La historia es común a una buena cantidad de artistas. Con seguridad algún empleado de la famosa clínica The Priory en Inglaterra podría confirmar la tendencia, después de haber tratado con adictos del porte del ex Libertines Pete Doherty o Amy Winehouse. Pero esta historia, por los implicados en ella y por el -otra vez- talante hollywoodense de la misma, atrajo el mismo interés de la prensa.

Urban acaba de lanzar hace pocos días el disco Defying gravity (desafiando a la gravedad) un trabajo que básicamente remite a esos tiempos de recogimiento y encierro. El disco también tiene dos canciones -Sweet thing y Kiss a girl- que ya están entre los 20 primeros de la Billboard. Aunque el country no sea un género muy popular en Latinoamérica ni en el resto del mundo, varios analistas señalan que la música de Keith Urban bien puede lograr internacionalizar el género de una vez por todas y lograr que la música más popular de los EEUU no se quede solo allí.

El cuadro de la felicidad se completa con una niña que acaba de tener con Nicole Kidman, ya plenamente incorporada a su vida en Nashville, una ciudad que, además, emana música country por todos lados y aleja a los paparazzis, que no están dispuestos a hacer tanto kilometraje por una pareja que no incluye a un rockero y una actriz que no es parte de algún blockbuster actual.

El disco, por supuesto, está plagado de referencias a Kidman, una chica con el poder de inspirar y recuperar prácticamente a cualquier mortal. Ella lo acompaña desde el año 2006, luego de que se conocieran unos meses antes en una cena patrocinada por el gobierno australiano en la ciudad de Los Angeles.

El periodista Alan Light, de The New York Times, dice que Defying gravity es la prueba de que el parate le hizo mucho bien a Urban: "El clima del disco es en general alegre, construido sobre el sello distintivo de Urban que mezcla elementos modernos como las baterías con tradición (banjos e instrumentos de cuerda como el violín). Y si bien todos los temas tienen un estado de ánimo particular, cualquiera de ellos funciona sin problemas para cualquier radio de country".

El músico va un poco más allá: "Quería volver a lo que hacía antes. Odas al amor, a las pérdidas, a la vida... el tipo de cosas que hago con naturalidad. Creo que simplemente todo comenzó a salir sin demasiados problemas al momento de ponerme a componer".

La línea artística de Urban viene trabajándose desde el año 1997, cuando comenzaba a imponerse con su primer disco en las listas australianas. De a poco, y apuntalado por su conocimiento de la cultura estadounidense (sus padres son fanáticos de los EEUU), Urban comenzó a hacer circular su primer disco homónimo y el sucesor, llamado The ranch. Eran tiempos en los que Urban tenía banda propia y el respaldo de una masa de australianos con gran interés en el género.

Luego de dos discos y alguna reedición que permitió poner a sus nuevos seguidores a tiro de su vieja obra, Urban llegó en 2002 al disco Golden road, su primer trabajo que se vendió por millones (tres) y que llevó su música a cada rincón de los Estados Unidos: su canción Sweet thing se pasó más de un millón de veces en la radio.

En 2004 llegó Be here, un trabajo que le valió cinco singles exitosos. Para ese entonces, Urban, un músico que por su eclecticismo no entra en los parámetros habituales de músico de country, ya estaba al nivel de estrellas como las Dixie Chicks.

Pero Urban, que en sus nuevas canciones no habla ni de su recuperación o de su nueva vida con hijos y mujer en una ciudad tranquila, ya venía teniéndolo complicado. En 1998 había entrado a rehabilitación para curarse de su adicción a la cocaína, vicio en el que reincidió después de caer en el alcoholismo.

Urban no habla mucho de eso ahora. "Supongo que aún no me siento obligado a escribir sobre ese tipo de cosas, quizá eso llegue en algún otro momento. Si bien algunas canciones que quedaron fuera del disco hablan de este tipo de cuestiones, yo tengo un área muy específica de mi vida privada en la que me encargo de ese tipo de cosas. Todavía eso no se ha vuelto material para escribir música".

VUELTA. Una vez que regresó a la actividad, Urban se encontró con todo un planeta pop dispuesto a recibirlo como la Nueva Estrella Rehabilitada. En el Live Earth del año 2007 realizó junto a Alicia Keys una performance (tocaron Gimme shelter de los Rolling Stones) de la que se hicieron eco los medios. Grabó junto a Nelly Furtado y al John Butler Trio. También lo solicitaron para los Grammy Awards, y se convirtió en el único músico de la noche que apareció dos veces: primero con Al Green y Justin Timberlake en el número de emergencia para suplantar a la golpeada Rihanna, y luego con B.B. King, Buddy Guy y John Mayer, en un tributo a Bo Diddley.

Desde esa posición de artista consagrado y recuperado, Urban dice que quiere marcar un nuevo camino dentro del género en ese país. "Hay un nuevo eclecticismo en la música country. Este género siempre ha estado en un péndulo, abrazando al pop y luego descartándolo, o tomando a la tradición, pero creo que recién ahora el público se está dando cuenta de que el country es un género muy amplio. Me gustaría que cuando le digo a alguien que hago country, esa persona me pregunte qué tipo de country hago". Idénticos planes y nuevas estrategias para una nueva historia con final feliz.

Un disco con aceptación relativa y varios comentarios sarcásticos

De momento, Defying gravity ha tenido críticas de todo talante e intensidad. Muchos medios como la revista All Music Guide lo colocan entre sus mejores trabajos y celebran su reaparición como una nueva oportunidad para que el género siga creciendo.

"Defying Gravity lleva más allá el sonido de discos anteriores, combinando su creatividad para delinear canciones con una sensibilidad pop que reafirma la vieja premisa de Duke Ellington: "sólo hay dos tipos de música, la buena y la mala", dice un extracto de la crítica. En esa misma línea aparece también la publicación Billboard, que también se hace eco de su crecimiento y ampliación de fronteras sonoras.

Sin embargo, muchas otras publicaciones entienden que lo de Urban es mera alegría por haber recuperado a un músico interesante al que todavía le falta volver a encenderse como artista.

La revista Slant señala que el impasse ha vuelto al cantante un músico "mucho más conservador y sin gusto", y que "no toma demasiados riesgos en este nuevo trabajo".

La revista Rolling Stone, por su parte, dice directamente que "Urban toca en un área tan segura que parece haber sufrido una lobotomía cuando estuvo en rehabilitación".

"El álbum se concentra en proyectar una América idílica, donde los jóvenes sufren dolores de cabeza iguales a los de un adolescente de los años 50. No hay crisis económica ni guerra, y sólo una canción (Thank you) hace foco en su casamiento con Nicole Kidman y su altamente publicitada recaída adictiva.

Si este no es el mismo tipo que sacó el ambicioso Love, Pain & the Whole Crazy Thing hace tres años, puedes echarle la culpa a Nashville. Pero Urban ha demostrado que es capaz de hacer cosas mucho mejores que ésta".

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