Motivos entendibles y excéntricos

MATÍAS CASTRO | LA FARÁNDULA

La vocación políticamente correcta de muchas celebridades no deja de sorprender por sus variantes. Hay casos bastante razonables, justificados y efectivos, y también los hay bien livianos, banales e increíbles. Esta última semana hemos visto dos extremos en esto. Por un lado tenemos a Madonna, una mujer que se disputa el trono de "Madre adoptiva de los niños pobres de los países más exóticos" con Angelina Jolie. Y por el otro tenemos a Natalia Oreiro y celebridades de países cercanos pintándose de verde y reciclando residuos.

Es probable que Madonna esté totalmente convencida, y actúe de corazón, cuando intenta adoptar niños en África. Esta semana su solicitud de adopción de una niña fue rechazada por el gobierno de Malaui, un país africano, pobre y asolado por el hambre y el Sida al igual que buena parte de los países de ese continente. Su llegada allí, el lunes de la semana pasada, fue todo un acontecimiento mediático que nos mostró sus intenciones supuestamente humanitarias como el mayor acto de frivolidad de la historia. Adopto una niña negra y pobre y limpio mi conciencia; eso creímos que pensaba Madonna en función de lo que pudimos ver del asunto. Ella tiene una fundación que colabora activamente con el país e incluso había prometido la construcción de una escuela a cambio de los trámites de adopción. Visto a la distancia, tal acuerdo parece más bien una suerte de chantaje con buenas intenciones de fondo. Pero la adopción se trancó y seguimos sin saber de verdad qué busca Madonna (o cualquier persona rica) al intentar adoptar a un niño de allí.

Es más fácil ver las intenciones y efectos de lo que hace Oreiro al comprometerse con campañas por el medio ambiente. Tal vez es por la cercanía o la "familiaridad" con que ella se presenta.

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