Inseguridad y maltrato

Cuesta creer que tuviera que venir el relator de la ONU contra la tortura a presentar un informe, que cual puntapié de goleador mandó de golpe al Uruguay a compartir un puesto con los países de peor reputación, en cuanto al respeto de los derechos humanos de los presidiarios, para que el gobierno finalmente reaccionara.

La divulgación del estudio cayó como una bomba, en estos tiempos electorales. Aunque los presos no voten y tal vez esa sea una de las razones el descuido por mejorar la aberrante situación en que se encuentra la población carcelaria. Pero frente a la ciudadanía, para el gobierno del Frente Amplio que tanto se ha preocupado, como lo dijo el propio Presidente, de enarbolar la bandera de la defensa de los derechos humanos, las afirmaciones del Sr. Manfred Nowak, resultaron además de escandalosas, sumamente inoportunas. Pues quedó patente que el ahínco puesto en perseguir a quienes torturaron y mataron a los miembros de la sedición, tiene más olor a venganza que a una genuina inquietud por los derechos del ser humano o el deseo de justicia, ya que solo les preocupan las víctimas de un solo bando (el suyo) de la guerra sucia desatada por los tupamaros, que nos dejara como legado la destrucción del régimen democrático y once años de dictadura militar. Ahora, recién ahora, hacen alarde de voluntad para encontrar solución al hacinamiento inhumano de las prisiones y sin embargo, no solo estaban enterados del problema desde el comienzo de su Administración, ya que votaron aquella absurda ley que desembocó en la libertad de una cantidad de delincuentes, muchos de los cuales volvieron al poco tiempo y que no sirvió para nada bueno, ya que la superpoblación siguió en aumento, sino que hicieron caso omiso de propuestas constructivas presentadas por la oposición.

A comienzos del 2005, por boca del diputado Jaime Trobo, se les hicieron llegar proyectos atinados y concretos. Ante el Pedido de Informes sobre las condiciones del sistema carcelario, respondieron que hacían falta tres mil nuevas plazas y teniendo en cuenta que el Ministerio del ramo carecía de recursos suficientes, se le sugirió al entonces Ministro Díaz, la posibilidad de crear nuevos centros penitenciarios, por concesión de obra pública. Empresas privadas presentarían sus propuestas, podría ser por medio de leasing, para la construcción del edificio, y también arrendar los diversos servicios que requiere el sistema, (comida, limpieza, etc.) mientras el control de los presos lo puede seguir ejerciendo el Estado, sin llegar a una reforma más amplia del sistema carcelario. De esa manera, la financiación corre por parte de los particulares y el Estado va pagando al tiempo de usar las instalaciones y en el transcurso de los años. Inclusive, no muy lejos de aquí, el Presidente chileno Lagos, (un pariente ideológico), hizo un llamado para levantar 16 cárceles de esta forma. Era fácil entonces, informarse al respecto. En dos años, los chilenos ya lograron el objetivo y hoy cuentan con mayor espacio para encerrar a quienes delinquen, mientras aquí se continuó amontonando a los presos, con muy escasas o nulas posibilidades de conseguir su reinserción en la sociedad, salvo en algunos establecimientos menores. Tras el cambio de titular en Interior, se le hizo el mismo planteo a la nueva Ministra Tourné, con un eco semejante. El Ministerio de Interior lo único que demostró ante los planteos fue una indiferencia que coincide con la incapacidad manifiesta y la inoperancia del gobierno del Frente Amplio, en lo nacional y en lo departamental, en múltiples aspectos.

La gente vive agobiada y asustada por la falta de seguridad, llegándose al punto de que cualquier ciudadano puede perder la vida a manos de una delincuencia absolutamente desbocada, como les sucedió en estos días a dos personas trabajadoras y esforzadas. El joven de 17 años que estudiaba en la UTU, con ánimo de superarse, volvía de su flamante trabajo y murió de una puñalada. O el dueño del pequeño almacén, de 53 años, que gracias a su esfuerzo y el de su mujer criaba a sus 6 hijos, había progresado en su negocio y pudo construirse su casita, que cayó muerto de un balazo, al tratar de defender a su familia.

A pesar de haber sido gobierno en la mejor época de crecimiento (condiciones externas) y haber contado con mucho dinero para planes sociales o clientelísticos, el fracaso en combatir la marginalidad, caldo de cultivo de la delincuencia, es lamentable.

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