Inicialmente Mujica habló de derogar el secreto bancario. Luego, cuando le mostraron que era una barbaridad, rectificó y dijo que quería canjearlo contra exportación de productos lácteos. Una evidente conjura de Brasil y Argentina (la del default, la de la deuda impaga) nos puso en la lista negra de "paraísos fiscales", un disparate. Mujica dice que es una injusticia, pero se adjudica una victoria pírrica con su anuncio. Es cierto, Uruguay no se defendió bien. Uno se pregunta cómo no vamos a estar en la lista negra si el primero que nos pone -aunque sea cambiando secreto por yoghurt- es el candidato oficial del Frente Amplio.
Le cabe aquello de "hoy un juramento, mañana una traición". Ahí están las consecuencias de hablar de más -o a pedido de otros- y de la inconsciencia.