Culminó en Viña del Mar la sexta Cumbre de Líderes Progresistas. Participaron los presidentes Michelle Bachelet, Cristina Fernández, Lula da Silva y Tabaré Vázquez, el Jefe del Gobierno español, José Luis Zapatero, el Primer Ministro británico, Gordon Brown, el Primer Ministro de Noruega, Jens Stoltenberg, y el vicepresidente de los Estados Unidos, Joseph Biden. La Red de Líderes Progresistas fue establecida en el año 1999 siguiendo una propuesta de Bill Clinton y Tony Blair.
Los días 30 y 31 de marzo y 1º de abril tuvo lugar en Doha la II Cumbre América del Sur - Países Árabes y el 2 de abril sesiona en Londres el Grupo de los Veinte, el G-20. Las tres reuniones procuran mejorar la cooperación internacional para enfrentar una de las crisis económicas más graves en mucho tiempo. Lamentablemente no todos los gobernantes de nuestra región han sabido (o querido) captar el espíritu del momento.
El presidente Hugo Chávez, al desembarcar en Doha, para la cumbre con los países árabes, acusó a la presidenta Bachelet de poner en peligro la unidad sudamericana al invitar a Estados Unidos y Gran Bretaña a la Cumbre progresista. Chávez afirmó que hay "algunos progresistas por ahí que no entiendo", que no le "hace nada bien a la unidad de Sudamérica cuando la presidenta de Chile convoca a una reunión con el vicepresidente de Estados Unidos y el primer ministro británico". Y sentenció: "Creo que eso pone en peligro la unidad suramericana".
El primer mandatario venezolano además apoyó al presidente de Sudán, Omar el Bechir. La Corte Penal Internacional emitió el 4 de marzo pasado una orden de arresto internacional contra este personaje acusándolo de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra en la provincia de Darfur. Es fácil descartar las opiniones del presidente venezolano como otro ejemplo inofensivo de locuacidad caribeña. Ciertamente su influencia en la región parecería estar disminuyendo, junto con la caída del precio del petróleo. Pero sería un error subestimarlo. Las valijas llenas de dólares y otras actitudes de Chávez demuestran que, por debajo de tanto colorido, existen estrategias dirigidas a cambiar el equilibrio político en la región.