Luciano Álvarez
Sir Anthony Blunt, ilustre historiador del arte, conservador de las pinacotecas reales y curador de la colección privada de la Reina Isabel II, llegaba puntualmente al Palacio de Buckingham una vez a la semana.
Alto, muy flaco, con una cabeza grande y alta que remarcaba su estirado físico, Blunt estaba lejos de ser agraciado, aunque los años habían mejorado la insípida textura de su rostro. Eso sí, la mirada era su mayor atractivo y su herramienta de trabajo.
Este caballero de la corona conversaba largamente con la reina, principalmente sobre la obra de Nicolás Poussin, fundador de la pintura clásica francesa del siglo XVII, el pintor que ambos amaban. Claridad, lógica y orden, he aquí los misterios que se develaban detrás de cada tela y cada trazo del francés.
Sin embargo, hacía muchos años, para ser precisos desde 1964, que la reina conocía un terrible secreto sobre Sir Anthony; él sabía que la reina sabía, pero ambos hacían de cuenta que no lo sabía. Todo muy británico, estereotipadamente británico. Este ritual se sucedió puntualmente durante décadas, hasta el fatídico 15 de noviembre de 1979.
Sir Anthony pertenecía a ese tipo de inglés para quien toda expresión de sentimientos personales era laboriosamente atenuada. Aun quienes trabajaron con él durante treinta años no se atrevían a decir que lo conocían.
Pero su aparente frialdad se convertía en generosidad desde la cátedra. Su maestría y docencia formó varias generaciones de artistas e historiadores del arte; compartió su vasto saber durante más de cuatro décadas, tanto en ámbitos estrictamente académicos como en la prensa y en la televisión. Sus libros son referencia obligada en las universidades.
Anthony Blunt nació el 26 de septiembre de 1907. Hijo de un estricto pastor evangélico, la biografía de su niñez y temprana juventud transita todos los lugares comunes de la Inglaterra victoriana. Fue un niño precoz. A los cuatro años dibujaba con soltura; más tarde cultivó un gusto por la historia del arte que a los 14 años le permitía exhibir notables conocimientos.
El Trinity College, el más aristocrático de Cambridge, fue su destino educativo.
Fundado por Enrique VIII en 1546, ha sido la institución académica preferida por la familia real británica. Allí comenzó estudios de matemáticas, luego optó por "lenguas vivas".
Blunt no era, como pudiera inferirse de las primeras pinceladas biográficas, un individuo solitario. Por el contrario, amaba la participación en lo que en ese entonces se llamaban "círculos"; uno de ellos sería su ruina.
En la Universidad, Blunt se liberó de las coerciones del hogar paterno. Por más que siempre fue un devoto de su madre, cuando no estaba ante ella "bebía, fumaba, era implacablemente antirreligioso, homosexual sin ambages y contrario a la moralidad y los valores maternos", dice Miranda Carter. (Anthony Blunt: His Lives, 2002)
El primero de los círculos que recibió al joven Blunt fue la "Cambridge Conversazione Society", sociedad secreta integrada por estudiantes de la élite intelectual, fundada en 1820 y todavía en actividad. También se la conoce como la "Sociedad de los Apóstoles".
Una vez egresados de la Universidad, muchos de los Apóstoles recrearon su alianza en el Círculo de Bloomsbury, que comenzó a reunirse en 1907 en la casa de la escritora Virginia Woolf. Participaron de él figuras tan relevantes como los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, el economista John Maynard Keynes, la escritora Katherine Mansfield y el actor Michael Redgrave. Anthony Blunt tenía veinte años cuando fue acogido por Bloomsbury.
Los miembros de Bloomsbury cuestionaban la moral victoriana, la religión y el realismo artístico del siglo XIX; promovían la independencia de criterio y el individualismo, aunque las preocupaciones sociales acercaron a muchos de sus miembros a las teorías del marxismo.
La carrera académica de Blunt continuó su ascenso sin contratiempos: desde 1932 fue profesor en el propio Trinity College de Cambridge, y crítico de arte en el prestigioso The Spectator.
En 1937 se incorporó a la plantilla del Warburg Institute, un centro académico de excelencia, creado sobre la base de los 60.000 volúmenes de la biblioteca de Aby Warburg, un historiador judío alemán de enorme influencia sobre figuras claves de la historia del arte como Erwin Panofsky y Ernst Gombrich.
En 1939, al comenzar la II Guerra Mundial, como muchos intelectuales británicos, Blunt puso sus conocimientos al servicio del esfuerzo de guerra británico, se alistó en el ejército y un año más tarde entró en el MI5, la agencia de contraespionaje.
Terminada la guerra, retomó su camino. En 1945 fue nombrado tasador oficial de la pinacoteca real, dos años más tarde, director del "Cortauld Institute of Arts", que cuenta con uno de los pequeños museos más destacados del mundo. Algunas de las piezas artísticas más hermosas estaban a disposición de los ojos de Anthony Blunt: El bar del Folies-Bergère de Manet, el Autorretrato con la oreja vendada de Van Gogh y El palco de Renoir, además de una colección de dibujos, grabados, esculturas y artes decorativas, desde el Renacimiento hasta el siglo XX.
Blunt pagaría con gratitud esos años de disfrute en el Cortauld Institute, donando su biblioteca -hoy es la Blunt Collection- que incluye, además de sus libros, al menos unos 700 volúmenes datados desde el siglo XVI en adelante.
Así, de obra en obra, de cátedra en cátedra, de honor en Honor -desde 1956 era Sir- transcurrió la apacible vida de este intelectual inglés, hasta la llegada al poder de Margaret Thatcher.
El 15 de noviembre de 1979, en una comparecencia ante la Cámara de los Comunes, un representante preguntó a la primera ministra si tenía pensado revelar nombres que hubiesen afectado la seguridad del país.
Thatcher, se salteó el eufemismo y respondió directamente: "El nombre al que se refiere el honorable representante (…) es el de Sir Anthony Blunt."
Luego relató como Blunt había adherido al comunismo en la década del treinta, como en 1964, tras interrogarlo sin éxito, los servicios secretos británicos decidieron ofrecerle inmunidad si hablaba. Al preguntarle si había espiado para los rusos respondió con un simple "Sí". Sir Anthony Blunt era el "cuarto hombre" del llamado círculo de espías de Cambridge.
"El secretario privado de la Reina fue informado, en abril de 1964, sobre la confesión de Blunt, la inmunidad y las bases sobre las que se acordó la misma," agregó Thatcher.
Luego de las revelaciones de la Dama de Hierro, la reina ordenó que se retiraran a Blunt todos los honores y títulos.
Calmamente, ante las cámaras de televisión, Blunt reconoció: "He sido un traidor a mi país... mis actos constituyeron un tremendo error que lamento amargamente...
Cuando se me planteó el dilema de elegir entre la lealtad a mi patria y la lealtad a mis convicciones políticas, me incliné por estas últimas."
Murió en medio del deshonor, cuatro años más tarde, el 26 de marzo de 1983.