La tutela del pródigo

El Presidente de la República es afecto, en sus discursos teatrales e inconstitucionales, a manejar cifras. Muchas cifras. Sin embargo, es selectivo en su cita. Se olvida de las que no honran a su gobierno manirroto. Dado a gastar en lo que no se debe y a perder montañas de dinero en negocios ruinosos. Veamos esas cifras.

US$ 28 millones le salió al Ministerio de Economía "vender" a Pluna. Casi lo mismo -28,5 "palos verdes"- le pagó el MTOP a Cerro Free Port por su incumplimiento de un contrato.

US$ 22,5 millones gastó Ancap en comprar las estaciones de servicio de Texaco. Y otros 2, de la misma moneda, le regaló el gobierno "progresista" a El Galpón. A lo que hay que sumar más de US$ 100 millones que se han perdido en la locura de financiar o subsidiar la producción sucroalcoholera de ALUR, que Ancap tiene instalada en Bella Unión.

US$ 14 millones, sólo en enero y febrero, perdió el mismo ente por el seguro sobre el precio del petróleo, que alguno de sus genios se le ocurrió contratar, luz verde de su Directorio mediante, con el City Bank, creo. Y el grifo sigue abierto.

Un millón fue el aporte de nuestro país a la aventura televisiva y proselitista de Chávez con TV Telesur. Todo sea por la fraternidad con los gobiernos seudo socialistas y anti imperialistas, tan grata a Gargano y otros desnorteados. Y otro milloncito gastó la DGI en su campaña de difusión del "IRPF Uruguay Avanza". Sí, avanza, más bien dicho se abalanza, sobre los bolsillos de los contribuyentes.

240.000 dólares se gastaron, entre Antel y Ancap, como contribución a cierta gira de un cantante nacional, aporte gestionado, según trascendidos no desmentidos, por Danilo Astori hijo. 60.000 de la misma moneda fueron gastados en armar el acto en que el presidente peroró tres horas, el 2 de marzo de 2007. Y en US$ 100.000 se estimó el costo de la infraestructura de su bis del sábado 7 de este mes. Eso sí, el caceroleo salió gratis. Corrió por cuenta de la bronca de muchos compatriotas.

A todo lo cual hay que sumar los US$ 30 millones que deberá pagar Antel por perder los juicios contra los guardahilos y los US$ 34 millones que ya pagó la Intendencia capitalina por la condena judicial a cumplir el convenio salarial no respetado por Arana.

Y ya que hablamos del "gran" intendente que sufrimos durante una década, contabilicemos los más de US$ 15 millones perdidos por los casinos municipales durante el quinquenio de Bengoa, que no fue precisamente "de oro", -salvo para él y sus paniaguados-, como el que lideró Atilio García entre 1939 y 1943 o Pablo Bengoechea en fecha más reciente.

A esta altura, recurriendo a la aritmética -disciplina matemática a la que tenemos aversión los latinoamericanos, según dicen que decía Roberto Campos cuando dirigía la economía brasileña -podemos sumar todas las cantidades gastadas al santo botón o perdidas torpemente, y redondeamos la "bonita" suma de US$ 276.400.000, que despilfarró este gobierno y su presidente experto en el autobombo. Ayudado por Marco Polo. O sea, por Arana.

La cuenta sube mucho, muchísimo, si sumamos los US$ 500 millones debidos por Ancap a Pedevesa gracias al negocio del tío Bartolo y los US$ 400 millones que este gobierno se comprometió a aportar al Banco del Sur, otra de las locuras del patán del Caribe. Habría que aplicarle, a él y a sus adláteres, la tutela del pródigo, instituto del Derecho Romano con que se ponía coto al derroche de los gastadores compulsivos.

Aclarando que no se trata sólo de despilfarrar el dinero que, en definitiva, es de todos los uruguayos, que somos quienes sostenemos al Estado, pagando los impuestos. Se trata de muy mala administración y de negocios nada claros, por decirlo de la manera más suave posible.

Los cuales, como el de Pluna y los de Ancap con Pedevesa, si hubieran sido obra de un gobierno de los partidos tradicionales hubieran motivado la crítica implacable del Frente Amplio. Sin excluir, por supuesto, las consabidas acusaciones de corrupción. Pero cuando son ellos quienes gobiernan y hacen estos desaguisados, se quedan tan campantes. Como si cada macanazo, con su abultado costo incluido, fuera un acto de buen gobierno. Y hasta una hazaña.

Es que todavía presumen de infalibles y de impolutos. Suerte que les queda poco.

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