ALEJANDRO NOGUEIRA
Las encuestas y sus gurúes serán, otra vez -quizá más que en anteriores ocasiones-, los convidados de piedra en este año electoral. Las actuales paridades en los números para la elección nacional y en la interna blanca hacen, además, que las opiniones que emiten los politólogos tengan más impacto que los discursos de los precandidatos, no en la gente en general, sino en el mundillo político y mediático.
La afirmación de Luis Eduardo González de Cifra de que Marcos Carámbula le quita votos a Danilo Astori en la interna frentista fue como una puñalada, casi más dolorosa que el mazazo que muestran los datos de la encuesta. Si Astori (30%) terminara comiéndose los votos de Carámbula (9%), ganara a todos los indecisos (8%) y pellizcara algún votante más, no llegaría a ganarle a José Mujica (53%). A tres meses de la interna (es mucho; no es nada) esta realidad explica el sombrío rostro que se le vio todo el tiempo a Astori durante el acto presidencial del sábado pasado. Y eso que los datos de Cifra no se conocían por entonces, aunque se huelen en la calle. ¿Es que ningún asesor le comenta lo mal que se ve en público y lo que esa imagen contribuye a agravar su ya natural adustez?
El escenario de Mujica candidato emergente de las internas es, prácticamente, el de Mujica presidente, quizás sin mayorías parlamentarias, de no mediar vuelcos imprevistos posibles, pero no tan probables. Sólo una singular alineación de planetas y gruesos errores de Mujica -a los que es proclive, pero de los que suele salir milagrosamente indemne ante su emocional electorado- pueden modificar, a mi juicio, esta peripecia ineluctable de tragedia griega.
Estos días, el precandidato lanzó su mensaje a la hinchada de terminar con el secreto bancario (ese que ampara a los ricos y a los malos y al rapaz sistema financiero internacional) y su rival Astori le pegó en los tobillos. Cinco días más tarde, acusando a los medios de falta de honestidad intelectual por "tergiversar" sus palabras, comprobó la ausencia de honestidad intelectual -de la que no tiene el monopolio-, de todo político que mete la pata y acusa al mensajero. Pero lo cierto, lo que cualquier uruguayo sabe, es que Mujica no sólo quiere eliminar el secreto bancario, sino muchas más reglas del sistema capitalista y democrático en el que no cree y ahora sólo ataca entrelíneas con frases coloridas y muy seductoras para mentes simples y muy inquietantes para las despreciadas mentes pensantes.
A Astori no le queda otra que arremeter a lanza y sable diciendo lo más elegantemente posible que un gobierno de Mujica es un gran riesgo nacional. Naturalmente, se sumarán al alerta otras voces adversarias. Claro, no sabemos si esta grita general dará resultado en las urnas.
De cualquier manera, en algún momento, Mujica va a tener que exponer ideas económicas concretas y, sobre todo, mostrar quienes serán sus ejecutores de confianza. Y no faltará el niño que diga que "el rey está desnudo".