Seguridad en crisis

Ante una población que se ve sacudida, en cada jornada, por la reiteración de hechos que conmueven la seguridad pública, se justifica insistir en la consideración del tema, clamando en nombre de aquellos por la búsqueda de soluciones que permitan vivir y trabajar sin temor. La situación de inseguridad en que continúa debatiéndose el país parece no tener fin, y en vez de reducirse, la ola de delincuencia sigue abriéndose en una especie de círculos concéntricos que están alcanzando insólitas dimensiones.

Lo que inicialmente se reducía a algunos barrios se ha extendido casi diariamente a la gran mayoría de barrios de Montevideo; lo que tuvo su marco en la capital se ha ido reiterando en ciudades del Interior y lo que fue una manifestación personal de protesta ha alcanzado ahora dimensiones más amplias, despertando la preocupación de zonas o ciudades enteras.

Leer la crónica policial de los diarios o acompañar los informativos de televisión o de radio, además de los relatos que circulan, permite comprobar esos tres nuevos alcances a través de un alud de actividades delictivas que parecen llegadas para quedarse, dándose la novedosa situación de que los reclamos ya no provienen de damnificados individuales sino que se dirigen desde grupos, como ocurrió con los vecinos de un barrio de Montevideo que se organizaron para cumplir tareas de patrullaje; con las protestas de quienes viven en ciudad de la Costa o acaba de suceder con la ya recordada actitud de los comerciantes de Pando organizando un acto colectivo para denunciar el estado de indefensión en que se encuentran.

Ni el gobierno ni la población deben limitarse a ser simples testigos de esa situación sino que se exige a quienes deben hacerlo, adoptar las medidas necesarias para prevenirla.

De la misma manera que se han establecido mecanismos para atender los problemas creados por la sequía y las cuestiones económicas como consecuencia de una crisis mundial, parece necesario instaurar también una Comisión de Emergencia de Seguridad Pública, encargada de analizar las cuestiones prácticas y localizar los mecanismos, tanto legales como administrativos, tendientes a defenderla. Lo que se ha dispuesto hasta la fecha demuestra que no es efectivo y pone al descubierto un fracaso que resulta evidente.

Los comerciantes entienden que no pueden quedar reducidos al papel de indefensos o resignados relatores de que varias veces por mes son objeto de asaltos y de robos, como lo declaró un damnificado la semana pasada, ni puede ignorarse que mientras los trabajadores reclaman por su parte que se los proteja, los particulares atemorizados se siguen atrincherando en sus casas, modificando el panorama de la ciudad, con la colocación extensiva de rejas.

Tampoco era común que el tema de la seguridad pública figurara entre los planes de gobierno de los candidatos a una elección nacional, como está ocurriendo entre nosotros, por lo que se justifica este llamado de alerta y la reiteración de un urgente reclamo de soluciones como reflejo de ese sentir colectivo.

Al margen de la paternidad de la frase, no se trata ya de una sensación térmica ni de una cuestión personalizada, sino que se trata de un hecho objetivo, del que no se ven libres ni legisladores ni ministros, sino que alcanza a todos los niveles, públicos y privados, del cual nadie sabe hasta cuándo podrá estar excluido, si ya no es una víctima.

Ninguna persona, pues, puede considerarse al margen de sus posibles consecuencias y cada vez son más los que se encuentran comprendidos dentro de sus perjuicios, por lo que el tema deberá analizarse partiendo de ese supuesto, con humildad, procurándole respuesta, convocando a la vez a todos los sectores que puedan aportar su conocimiento.

La divulgación de nuevos hechos en cada jornada replantea la inquietud de hasta cuándo van a seguirse repitiendo y dentro de ese marco, una población atónita aguarda la recuperación de una tranquilidad perdida y añorada.

El mantenimiento de la seguridad es, además, una obligación prioritaria por parte del Estado, de la que no puede liberarse aún encontrándose desbordado. No pueden ignorarse los reclamos, sino que a partir de esta nueva realidad, corresponde buscarles una urgente solución. El estado de crisis ha llegado y hay que salir de ella antes que estalle.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar