El gobierno brasileño analiza revisar una de sus principales banderas de política económica y reducir el superávit primario a fin de destinar fondos estatales para inversiones y subsidios a empresas afectadas por la crisis, revelaron fuentes oficiales.
El superávit primario (diferencia entre recaudación y gastos del estado) fijado en el Presupuesto de la Unión de 2009, es del 3,8 % del Producto Interno Bruto (PIB), pero miembros del gobierno admitieron que puede caer al 3,3%, publicó hoy el diario O Globo.
Los primeros indicios de esa reducción se conocieron el viernes cuando el Banco Central reportó que el superávit fue del 3,58 % entre enero de 2008 y enero pasado, es decir 0,22 puntos abajo del objetivo planteado para 2009.
En enero de este año el superávit primario fue de 5.200 millones de reales (2.200 millones dólares), un 72% menor respecto del mismo mes de 2008, lo cual obedece a dos motivos: pérdida en la recaudación de impuestos y aumento de los gastos estatales.
Se trata, según analistas, de una consecuencia directa de la crisis económica, dado que el gobierno optó por sacrificar ingresos para estimular la demanda del mercado interno.
Para dinamizar la actividad económica el gobierno suspendió hasta marzo el cobro del IPI (impuesto a la actividad industrial) de los automóviles, lo cual indujo a un aumento de la compra de vehículos populares cero kilómetro.
Al mismo tiempo que el fisco renunciaba a parte de la recaudación aumentó la previsión de gastos gubernamentales, tanto en inversiones en obras públicas como en auxilio a las empresas afectadas por las turbulencias económicas.
Esos programas de ayuda al sector privado van desde el aumento en unos 5.000 millones de dólares de los recursos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social para financiar exportaciones hasta una línea de 36.000 millones de dólares, con los que el Banco Central socorrerá a empresas con deudas en el exterior.
Este último programa debía comenzar a entrar en vigor el viernes pasado, pero fue postergado.
Si se cumple la previsión de las fuentes del gobierno de achicar el superávit, eso significará que el Poder Ejecutivo optó por dar un giro, aunque no radical, sobre su política de austeridad, una de las marcas de la gestión iniciada por Lula da Silva en enero de 2003, cuando nominó al frente del Banco Central a Henrique Meirelles, quien continúa en el cargo.
La disciplina administrativa permitió al gobierno conquistar credibilidad en la comunidad financiera nacional e internacional y las tasas de interés, fijadas por Meirelles en el Banco Central (las más altas de América, del 12,75% anual), lograron mantener a raya los índices de inflación.
El principal objetivo del superávit fiscal es pagar los intereses de la deuda pública, interna y externa, que representa cerca del 36% del PBI.
En 2008 el gobierno brasileño desembolsó cerca de 71.000 millones de dólares en concepto de pago de intereses de la deuda.
En los últimos años, bajo el timón de Lula y Meirelles, el equipo económico había obtenido superávits excepcionales, generalmente superiores a las metas.
Así lo muestran los números de 2008, cuando el superávit fue de 118.000 millones de reales (51.000 millones de dólares) el 4,07% del PIB, el 0,27% superior a la meta establecida por el gobierno.
A pesar de los trascendidos sobre una revisión de la política fiscal, el discurso oficial sigue apegado a la disciplina de las cuentas públicas, tal como lo afirmó el viernes Altamir Lopes, jefe del Departamento Económico del Banco Central.
Lopes aseguró que las autoridades no cesaron en su "esfuerzo" para "cumplir la meta de un superávit del 3,8% del PIB, el compromiso con la salud fiscal continúa en todas las instancias del gobierno".
"Evidentemente 2009 es un año atípico y un esfuerzo para cumplir esa meta será mayor, pero no hay dudas de que será alcanzado", reconoció el funcionario del Banco Central.
ANSA