Se habla ahora de levantar el embargo a Cuba porque no dio resultados, sin especificar que se esperaba de éste. La administración Obama parece decidida a desandar ese camino y varios miembros del partido Republicano estarían dispuestos a acompañar la iniciativa. Cuando uno pregunta qué es la que lo originó, inclusive en EE.UU., suele aparecer una mirada que muestra la incomodidad del interlocutor, mientras otros la atribuyen a diferencias ideológicas.
Vale la pena recordar los orígenes del conflicto. En Cuba existían importantísimas inversiones norteamericanas, empezando por la compañía telefónica, American Telephone and Telegraph Co.; la de servicios eléctricos, American Foreign Power Co.; empresas mineras como la International Nickel Co.; de azúcar, la American Suggar & Refining Co.; el "King Ranch", una muy grande explotación agroganadera que adaptó vacunos, a través de cruzas entre razas índicas y escocesas, al clima tropical; el Citibank, entre otras instituciones financieras. Hoteles, negocios minoristas y mayoristas de distinto tipo, además de residencias privadas de un gran número de norteamericanos que tenían allí sus casas de veraneo, tipo Punta del Este. Todo eso fue expropiado y no se pagó deuda alguna. El valor de lo incautado por el gobierno castrista en los 60, representa una cifra realmente significativa.
Como es lógico, quienes se sintieron estafados, acudieron a senadores, diputados y a sus contactos en el Poder Ejecutivo, para ver de presionar para que se les pagara una indemnización. No hubo, sin embargo, ninguna oferta de resarcimiento a los miles de accionistas de las empresas nombradas y propietarios directos que fueron, para llamar las cosas por su nombre, robados por el gobierno cubano.
Es a raíz de estos hechos que se estableció el embargo. Bien les hubiera valido a varios gobiernos latinoamericanos, tomar nota del poco respeto del nuevo gobierno cubano, por los compromisos contraídos. Por ejemplo, después de la toma de poder de Castro, en 1959, los argentinos se embarcaron, durante el gobierno Peronista de los 70 y luego también en el de Alfonsín, a una masiva venta de vehículos, tractores y productos industriales que nunca cobrarían. No todos fueron tratados de la misma forma. Con Canadá, México y España, Fidel tuvo más cuidado.
Los EE.UU. tenían otras herramientas de presión para impulsar un ofrecimiento de pago. Una de ellas era la cuota azucarera. Cuba tenía el privilegio de exportar a EE.UU. azúcar -un amplio cupo- a un precio sustancialmente más alto que el del mercado internacional. Se les amenazó con cortarles ese acceso, pero no reaccionaron y finalmente, en 1971, bajo Nixon, fue aprobada la primera reducción de la cuota azucarera cubana, la cual se redistribuyó entre varios países. Recién a partir de 1974, a los norteamericanos les dieron licencia para poder comerciar con Cuba y se sigue permitiendo con liberalidad, la exportación de alimentos y medicinas por razones humanitarias. En respuesta, el gobierno cubano calificó hábilmente el embargo como un bloqueo, aunque no lo fuera.
Mientras tanto, Cuba se convirtió en un satélite de la Unión Soviética y se dedicó a capacitar y exportar agitadores y guerrilleros a Angola, Etiopía, Bolivia y a otros países, como Uruguay, apoyando intentos de desestabilización y sabotaje institucional. Cuando se desplomó el imperio ruso comunista en 1990, se le acabó el combustible a la revolución cubana pero luego apareció Hugo Chávez, quien tomó la posta de la U.R.S.S., volviendo a cubrir los gastos de esa rica pero desquiciada economía isleña. Los últimos pasos de EE.UU. para frenar el activismo cubano fueron la ley Terricelli en 1992, que prohíbe el comercio de Cuba con subsidiarias de empresas norteamericanas que operan fuera de su país de origen y la ley Helms-Burton, que trata de bloquear fuentes de financiamiento e inversiones extranjeras a Cuba, en determinadas circunstancias. Además, se impusieron restricciones al envío de remesas a sus familiares en Cuba, porque el régimen comunista les imponía un cambio desfavorable, quedándose con buena parte del valor de la remesa. También se limitaron las visitas (ahora en revisión) de ciudadanos norteamericanos a la isla. Es verdad que todas esas medidas no acabaron con la dictadura, ni moderaron su régimen y los presos políticos que no fusilaron, siguen presos desde hace años. ¿Qué hacer con esta gente?, se estará preguntando Barack Obama. Parecen incorregibles.