Para los lectores de El País, la sección Ecos ofrece la oportunidad de reclamar cuando después de repetidos intentos de hacerse oír por el Estado, encuentran, recordando el gran tango de Discépolo, que están "secas las pilas de todos los timbres que vos apretás". Ante la indiferencia de la burocracia, que demasiadas veces es sorda y es muda, los lectores se sientan y se ponen a escribir una nota para Ecos. Esas notas suelen reflejar una preocupación personal que, también, puede ser el síntoma de un mal general. Así, la información suministrada por los lectores puso en evidencia la contradicción que significa que OSE haya pretendido imponer medidas de racionamiento del agua -apoyadas por los inevitables inspectores y sanciones- mientras es reconocido que casi la mitad del agua que produce el ente estatal se pierde, muchas veces como resultado de roturas que no repara a tiempo.
Otro ejemplo reciente es la carta sobre el Correo publicada el domingo pasado. El 22 de enero le fue enviado al autor de la carta publicada en Ecos, desde España, por correo certificado, un paquete conteniendo algunos libros. Ese paquete habría llegado a Montevideo el 27 de enero. Lamentablemente, explica la nota, "hoy, cuando ya han pasado cuatro semanas", el paquete "está a la espera de su liberación".
El Correo puede ofrecer servicios adecuados y anunciar plazos de entrega estimados para cada uno de ellos (el servicio postal internacional más económico desde nuestro país toma de 10 a 15 días). Pero la entrega dependerá, además, de varios factores externos, incluyendo las Aduanas.
El destinatario de los libros pagó buen dinero por un servicio postal público con la confianza de recibir, dentro de un plazo razonable, algo que le pertenece. Pero el transporte es una cadena, cuya eficiencia total depende de su eslabón más débil. En el caso expuesto por la nota de Ecos ese eslabón sería, no el Correo, sino la Aduana uruguaya.
El paquete que cruzó el Atlántico en cinco días ha quedado varado por semanas en algún recoveco de la Administración pública uruguaya. ¡Tiempos postales del siglo XXI, tiempos aduaneros que avergonzarían a nuestros antepasados de la época colonial!