Derecho a morir

Julia Rodríguez Larreta | Enfoque

La vida y la muerte de Eluana, la joven italiana condenada a vegetar antes que a vivir, durante 17 años, conmovió al mundo con su tragedia. Sin embargo, la fotografía de aquella joven vital de amplia sonrisa, que apareció en los diarios de medio planeta, era engañosa. Parecía increíble que hubiera gente, con su propio padre a la cabeza, que estuviera luchando para dejarla morir. Pero la situación de esta pobre mujer era muy diferente a lo que se veía en ésa y algunas otras fotos, plenas de juventud. La Eluana de cuando tuvo la desgracia de ser víctima de un accidente automovilístico, ya no era la misma. Con el corrosivo paso del tiempo se había ido transformando, pesaba apenas 40 kilos, tenía los brazos y las piernas encogidas, podía yacer solo de costado, para no ahogarse con los líquidos que le fluían de un estómago atrofiado. Permanecía apoyada de un lado, lo que le causaba llagas y laceraciones en la piel, inclusive en la cara. La enferma estaba irreconocible y en condiciones devastadoras.

A la tristeza desgarradora que esto significaba, al padre se le sumaba la angustia, año tras año, de no poder cumplir con el pedido que ésta le había hecho, parecería que inspirada por una trágica premonición, a raíz de lo sucedido con un amigo suyo, quien era mantenido con un soplo de vida en la cama de un hospital. Muchos fueron los desengaños y los esfuerzos del Sr. Englaro para que su hija dejara de padecer y cumplir con su espontáneo ruego. Ante la nula respuesta a su carta al premier Berlusconi, comenzó a transitar a partir de 1999, por el lento y farragoso camino de la justicia, hasta que finalmente llegó la sentencia de la última instancia, la de la Corte de Casación, indicando la suspensión del alimento que la mantenía viva en forma artificial.

Pero de pronto, este caso que de por sí era sumamente delicado, dado que encierra un debate moral y ético que abarca la cuestión de la vida y de la muerte y que por lo tanto, no debería nunca haber salido del ambiente de discreción y seriedad que el mismo exigía, se convirtió en un pandemónium mediático, en el que intervino la política y la iglesia católica, mientras la población se enfervorizaba, cada uno en su posición. Se llegó al punto de que cuando la pobre Eluana dejó su miserable vida, su padre se encontraba lejos, en otra ciudad, donde enfrentaba una demanda judicial para retirarle la patria potestad.

Y el drama de los Englaro, (la madre está enferma de cáncer) desembocó en una crisis política e institucional y en un conflicto de poderes. Berlusconi, un hombre de afinado olfato político, no dudó en enfrentarse con el Presidente Giorgio Napolitano, quien se negó a firmar el decreto que buscaba interferir con el dictamen de la Justicia, cosechando de paso, la simpatía del electorado católico y el acercamiento con el Vaticano, opuesto a la resolución judicial, que últimamente le había sido muy crítico respecto de su postura para con los inmigrantes.

Solo la muerte de la joven, detuvo la impresión de ópera bufa que transmitía el Congreso italiano, donde no faltó un legislador que a voz en cuello gritara que Eluana había sido asesinada, acusación manejada también por algunos eclesiásticos, incluidas algunas amenazas de excomunión para los médicos y enfermeros que llevaron adelante el protocolo dictado por el Tribunal, aunque esto último fue luego desactivado.

Pero estos excesos no pueden hacer perder de vista la profundidad de lo que estaba en juego. El eterno dilema de la existencia y su fin, al que las personas se acercan de acuerdo a sus creencias, ya sean religiosas o laicas y que deben merecer el mismo respeto. El ensañamiento terapéutico es algo que de humanitario se puede transformar en inhumano y el padre de la joven lo expresó desde el alma, al decir "la condena a vivir sin límites es peor que la condena a muerte". El decreto no llegó a tiempo para interferir con la orden judicial producida después de 11 largos años de análisis y estudios, pero en el Parlamento se presentó un proyecto de ley para que en el futuro quede prohibido explícitamente, desconectar a ninguna persona del alimento, se encuentre en el estado que sea, por lo que la presente historia tendrá graves derivaciones. Justamente en el preciso momento en que Eluana dejó de existir, hablaba en el Senado el oncólogo Umberto Veronesi, quien pedía a los legisladores que no aprobaran una "ley ilógica, irracional y emotiva, cuyo objetivo era obligar a Eluana a vivir de manera infrahumana". Habló de la libertad inviolable de las personas, de la invasión tecnológica que es capaz de producir la medicina moderna, así como de la ola de emociones levantada por el discurso de la Iglesia y el gobierno, víctimas del cambio de paradigma que abre a la conciencia, la vida artificial. No es éste el primer caso ni el último, pero al menos en Uruguay algo se ha avanzado en la legislación, para detener el encarnizamiento terapéutico. Se ocupó de ello el artículo 17 de la ley N°18.335 y la futura ley, Derechos del Paciente Terminal.

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