Bardem, el Don Juan de Allen

Éxito. Ya ganó el Oscar con "Sin lugar para los débiles", y vuelve a triunfar en inglés

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NEW YORK TIMES KARL ROZEMEYER

El soleado y sensual último film de Woody Allen, "Vicky Cristina Barcelona", encantó a la crítica en Cannes con su vuelta a lo que el director hace mejor: protagonistas neuróticas y adineradas atrapadas entre lo que quieren y lo que creen querer.

El español Javier Bardem encarna en este film al pintor Juan Antonio. En la historia escrita por Allen, se involucra con varios personajes femeninos (Rebecca Hall, Scarlett Johansson, Penélope Cruz).

-En rueda de prensa en Can-nes, Woody Allen habló sobre los aspectos tragicómicos de Vicky Cristina Barcelona, señalando que, aun cuando hay momentos divertidos, espera que el centro de la atención esté en los elementos trágicos al final de la película. Dada la famosa falta de dirección específica de Woody Allen, ¿cómo pudo interpretar el equilibrio entre comedia, tragedia y sexo en relación a Juan Antonio?

-Creo que ese es uno de los aspectos de la genialidad de Woody Allen. Pocas veces un actor recibe un diálogo realmente brillante, que le indica la dirección a seguir. Es cierto que no dirige demasiado, pero supongo que confía, primero, en los actores que elige, y, segundo, en el diálogo que escribió. Como buen escritor clásico, cuando se tiene el material, se sabe exactamente adónde ir. Uno empieza a leer y ve cómo empieza el personaje y lo que pasa hasta el final. Así que es eso, más hablar con nosotros y decirnos: "Sí, esto puede ser una comedia, y esto puede ser divertido, pero es en realidad un drama". Se trata de una película sobre gente que trata de encontrar respuesta a lo que no la tiene: cómo hay que abordar el amor. ¿Quién lo sabe? Cuando llega el final, la historia adquiere cierto sabor amargo, hay personas lastimadas por la experiencia de ese par de meses. Una vez que se entiende que el director quiere que uno vaya en esa dirección, uno lo hace.

-Aun cuando Allen es un director conocido por no intervenir, pide que los actores se apeguen al guión. No obstante, en los choques entre usted y Penélope Cruz, todos en español, parece que mucho del diálogo fue improvisado. ¿Así fue?

-No. Lo que dijimos en español fue una traducción literal de lo que Allen escribió. Pero es cierto que cuando trabajo en español, mi idioma materno, sé qué palabra suena mejor, así que se agrega o se quita esta o aquella palabra. Pero el pensamiento, la idea, el ritmo, todo es algo que él escribió. Le gusta decir que no fue así, pero es verdad. ¿Quién se atrevería a cambiar cualquier diálogo de Woody Allen? Yo no.

-En comparación con, digamos, Ramón Sampedro o Antón Chigurh, sus personajes en "Mar adentro" (2004) y "Sin lugar para los débiles", podría suponerse que Juan Antonio se acerca más a su propia personalidad. ¿Es así?

-Para nada. Cuando estaba leyendo el guión, cuando vi la primera escena en la que me aproximo a la mesa en el restaurante donde están Scarlett y Rebecca, pensé: "¿Cómo demonios se hace para hacer esa escena? ¿Cómo se hace para decir esas palabras?". Supongo que no es tan extraño como algunos de los personajes que he interpretado, y eso es lo que hace que sea más lógico que sea más cercano al actor que representa ese personaje. Pero creo, como con cualquier cosa, que se da todo lo que se tiene. No soy ninguno de ellos. Ellos no son yo. Pero, al mismo tiempo, los tengo a todos ellos dentro de mí.

-Usted ha descrito a Juan Antonio como alguien con "una herida que tiene que sanar." Sabemos que María Elena (Penélope Cruz) lo apuñaló en una ocasión, tanto emocional como físicamente. ¿Cómo describiría la relación entre ellos?

-Creo que, antes que nada, Woody Allen hace algo realmente inteligente y acertado: poner todos esos estereotipos y clichés frente a nosotros. Y entonces, de a poco, no sólo se burla de ellos y los destruye, sino que al final termina llevándonos a ver lo que hay detrás de esas etiquetas y clichés: la gente. Gente que comparte los mismos temores, necesidades, impotencia y dependencia, sin importar de dónde proviene o lo que finge ser. Y eso es grandioso. Todos comparten el temor de no encontrar lo que buscan. Y el extremo es la relación entre María Elena y Juan Antonio, que no avanza porque está atascada en la interdependencia y la locura.

Complicadas razones del corazón

La historia de "Vicky Cristina Barcelona" maneja el encuentro de dos mundos, anglosajón e hispano. Vicky (Rebecca Hall) tiene toda su vida planeada, hasta su boda inminente con el algo tímido Doug (Chris Messina). En contraste, su mejor amiga, Cristina (Scarlett Johansson), es una núbil e inquieta aspirante a bohemia, segura sólo de lo que no quiere. Cuando las dos vuelan a Barcelona para estar juntas un último verano, esperan pasar unos cuantos meses descansando y disfrutando del arte en Barcelona. Sin embargo, cuando el gallardo pintor Juan Antonio (Javier Bardem) les hace una oferta que no pueden rechazar sin importar cuánto Vicky quisiera hacerlo, sus vidas se complican muchísimo más. Y cuando María Elena (Penélope Cruz), la ex esposa de Juan, se presenta a su puerta, recién recuperada de un intento de suicidio, las cosas se hacen aun más confusas, volátiles y sensuales.

Bardem explica que "la confrontación entre estos dos últimos personajes es lo que hace que los de Scarlett y Rebecca se den cuenta verdaderamente en qué estuvieron involucradas en los dos últimos meses". Del suyo, el actor agrega que se trata de "la imagen que los hombres adjudican a otros hombres".

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