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Un triunvirato sustituiría a Jacqueline Lacasa
En los últimos días del pasado mes de diciembre, la noticia corrió como reguero de pólvora: el Museo Nacional de Artes Visuales sería dirigido, a partir de 2009, por una suerte de "triunvirato piramidal", y los nombres que estaría considerando el Ministerio de Educación y Cultura serían los de Mario Sagradini, Pablo Thiago Rocca y Raquel Pontet. Según se supo a nivel extraoficial, el primero ocuparía el cargo principal de director artístico, mientras que Rocca tendría bajo su responsabilidad el área de investigación y Pontet la de conservación.
Este proceso comenzó en el mes de noviembre de 2008 cuando las entonces nuevas autoridades del Ministerio abrieron un llamado a aspirantes para cubrir este cargo. Y para evaluar los méritos y proyectos presentados se nombró una comisión integrada por Gabriel Peluffo, Alicia Haber y la artista cubana Llanes Godoy.
Cumplidos los plazos fijados, esta comisión no propuso un nombre, como era de esperar, sino tres. Un hecho insólito, que, sin lugar a dudas, abre un amplio margen para todo tipo de especulaciones. Algo que ya es toda una tradición en este medio.
El Museo Nacional de Artes Visuales fue dirigido a lo largo de cuatro décadas por Ángel Kalemberg. Su gestión, que no estuvo exenta de objeciones y polémicas, culminó en 2007. Ese año, y después de un largo tiempo de estudio, la Dirección de Cultura del Ministerio resolvió designar para el cargo a la joven artista y gestora Jacqueline Lacasa.
El tiempo previo a la confirmación de este nombramiento, estuvo aderezado -o enrarecido- por muchas polémicas y especulaciones. Pero cuando se confirmó, las aguas, lejos de calmarse, se agitaron aún más.
Una de las objeciones apuntaba a un tema más que delicado: el procedimiento de designación directa. Y en este sentido, muchos planteaban como alternativa, la tradicional transparencia de un concurso.
Otros, en cambio, cargaban las tintas en la corta experiencia de Lacasa para ocupar un cargo tan importante, o en el (posible) enfoque que le daría a su gestión.
A poco más de un año de este cambio, las especulaciones vuelven a dispararse. ¿Era necesario un cambio de dirección en este momento? ¿Cómo se evaluó la gestión de Lacasa? Este cambio, ¿representa una reorientación en las políticas del Ministerio determinada por sus nuevas autoridades? Y a nivel más concreto, ¿es viable, tanto a nivel legal como de gestión, una dirección a cargo de tres personas? O, ¿cuán saludable será para las llamadas "políticas culturales" estas habituales y prolongadas "indefiniciones"?
Así las cosas, lo que resta es esperar que este proceso no zozobre en la burocracia política.
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