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JUAN MARTÍN POSADAS
Las fiestas tradicionales (denominación aséptico-escéptica que el cuete laicista uruguayo confiere a las fiestas de origen religioso de estos días), acorralan al articulista para que todos los años escriba lo mismo. Como a la incapacidad propia (mía) por encontrar nuevos aspectos a temas repetidos se suma el interés por no aburrir a los eventuales lectores que mantengan esa noble tarea aún en medio de la locura consumista, voy a encaminar la pluma hacia otros derroteros, dando por dicho lo que habitualmente se dice y desea en estas fechas.
Este año la última página del calendario coincide con el fin de un período de gobierno y la preparación de otro. No todo en un país gira en torno a la política -o aún al gobierno- pero el cambio de Vázquez a Mujica es un cambio. Personalmente quise que el cambio fuera otro; acompañaron ese deseo muchos uruguayos, pero no los suficientes. No votamos por Mujica pero él fue el ganador y el cambio es ese. Siendo así las cosas, lo mejor para el país es que Mujica haga un buen gobierno. El próximo gobierno no se va a encontrar con un contexto externo tan favorable como el que acompañó casi todos los años del anterior.
El gobierno de Vázquez agarró el viento de cola de un período mundial de euforia económica que nos elevó a niveles insospechados. Después se pinchó, pero la caída de los países ricos, de la cual aún no se han repuesto del todo, no nos aplastó. Perdimos un poco de altura pero nada comparado con el desplome que tuvimos en el 2001-2002 (crisis que lleva los nombres de los hermanos Peirano, los hermanos Rohm y los hermanos argentinos, que nos pasaron la aftosa y se llevaron los depósitos).
Desde el 2003-2004 fue una remontada del PBI: al 2005 ya habíamos vuelto al nivel máximo anterior (1998), según CERES. Lo que bajamos en la crisis mundial ya lo estamos por recuperar. El mundo sigue siéndonos, por ahora, un lugar hospitalario.
También el nuevo gobierno puede esperar un contexto mundial favorable. Brasil va bien (a pesar de los desajustes preelectorales: habrá elecciones el 2010): tendrá los próximos Juegos Olímpicos, el nuevo Presidente será José Serra y, como en Europa y en USA todo el mundo cree que Brasil se va para arriba, así terminará siendo y eso nos viene bien.
Lo que, por el contrario, viene torcido para el próximo gobierno es que Mujica no ha logrado hacerse entender en su entorno más cercano. La noche de su triunfo electoral Mujica pronunció un discurso breve pero no improvisado. A los discursos preelectorales hay que descontarles siempre el IVA pero el discurso de la noche de la victoria es el discurso de la responsabilidad: es lo que le sale al candidato, ahora gobernante, cuando le cae encima la responsabilidad. No creo necesario hacer un repaso del discurso. Pero el trámite de integración del gabinete, los procesos por la candidatura a la Intendencia, los escritos de Constanza Moreira, son anticipos de que las principales dificultades que va a encontrar Mujica están en su entorno político. Veremos qué pasa.
Mientras tanto lo nuevo merece una apuesta favorable.
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