No fue un buen apronte para la asunción como ministro de Defensa el que hizo Luis Rosadilla al justificar la lucha armada emprendida por los tupamaros en 1963. Preguntado por el Semanario Hebreo si aquel alzamiento tuvo sentido, Rosadilla dijo que sí. Agregó que la decisión de tomar las armas no fue un error, aunque reconoció que se cometieron errores "en el desarrollo de esa lucha". Después puso en duda el carácter democrático del gobierno de mediados de los 60 contra el cual los tupamaros se alzaron, olvidando que fue un gobierno surgido de elecciones libres, con partidos políticos (incluidos los de izquierda) funcionando y con derechos humanos garantizados. Viniendo del futuro titular de Defensa es preocupante esa obstinación por justificar lo injustificable.