GUSTAVO PENADÉS
Hace unos días nos enteramos, a través de El País, de una exitosa iniciativa de vecinos de Canelones: construir un generador eléctrico, movido por energía eólica, con la finalidad de satisfacer la demanda de energía eléctrica de una biblioteca, a la vez que suministrar a la red de UTE, cuando sea posible hacerlo, la energía sobrante, lo que no se percibe como un hecho de próxima concreción.
Por estos días también Ancap desarrolla una campaña publicitaria cuyo eje es la presentación de los biocombustibles. En sintonía con la de ALUR, y, con un notorio afán docente, la publicidad ilustra acerca de la similitud entre los derivados del petróleo y los biocombustibles. Al mismo tiempo resalta las bondades que conllevan para el ambiente. En suma, bajo el eslogan "bienvenidos biocombustibles" se apunta a convencer al consumidor de que no hay diferencias entre el derivado del petróleo y el, pongamos por ejemplo, biodiesel.
A decir verdad no se entiende bien la intención última del ente. Veamos que por ley, Ancap está obligado a incorporar gradualmente alcohol a las naftas de uso automotriz y biodiesel al gasoil. Dicho proceso deberá encontrar culminación en los años 2014 y 2012 en que los porcentajes de mezcla deberán estar situados en un 5 por ciento.
Poco margen le queda, por tanto, al consumidor para negarse a usar biocombustibles ya que Ancap actúa de forma monopólica. Entonces, si el consumidor usará -le gusten o no- biocombustibles, no se comprende para qué intentar convencerlo de sus virtudes.
La explicación natural radicaría en que se estaría intentando entusiasmar a la sociedad para desarrollar emprendimientos y generar un mercado de combustibles alternativos. Pero eso solo es a medias posible. Se puede producir biocombustible únicamente para exportar, venderle a Ancap, autoconsumo o utilización en flotas cautivas (4.000 litros por día). En decir que la legislación no permite la libre empresa, en cuanto a la producción y comercialización ni de biodisel ni de etanol.
Más allá del sinsentido de la publicidad, el centro de atención debemos ponerlo en las razones por las que el Estado coarta la libertad de industria de los uruguayos. ¿Cuál es el interés estratégico que se pretende defender impidiendo que un particular elabore biodiesel? En la hipótesis de que se pretenda velar por la tranquilidad del consumidor, el ente podría hacerlo de igual forma que lo hace con las bebidas alcohólicas (y dar el ejemplo mejorando el gasoil que produce). Recordemos que destilar alcohol de calidad fue uno de los argumentos usados en su momento para justificar la creación y actuación monopólica del ente. Si las razones del proceder que se cuestiona tuvieran que ver con aspectos tributarios debería revisar el marco regulatorio y buscar alternativas.
Saludamos las iniciativas que procuran disminuir la dependencia del petróleo y cuidar el ambiente, pero no olvidemos que ninguna planificación, por mejor pensada e intencionada que esté, llegará a buen puerto sin la participación de los destinatarios -y de quienes deberían ser los beneficiados- de las políticas públicas: los ciudadanos.