Decisión apresurada

Debe considerarse, por lo menos, como una decisión apresurada, tanto desde el punto de vista interno como internacional, la adoptada por el futuro Presidente de la República, en cuanto ya manifestó públicamente su respaldo al gobierno de Irán, alineándose en la región junto a Brasil y Venezuela, en una polémica línea de integración, que puede servir a los intereses económicos del primero o a los desvaríos ideológicos del segundo, pero que no tienen justificativo aparente en el caso de nuestro país.

Se adopta, además, cuando tanto el Partido Nacional como el Partido Independiente, solicitaron incluir dentro de los temas de coordinación a aplicar en el próximo período de gobierno, precisamente el de la política exterior, animados del propósito de que el Uruguay aplique una política de Estado, soberana e independiente, que refleje, con seriedad, no sólo la opinión del gobierno de turno sino la de todo el país.

Al margen de ello, se asume con un gobierno como el de Irán, que no ha podido superar sus vicios de origen, vinculados a denuncias de fraude en las últimas elecciones, ni las más cercanas que tienen que ver con la violación de derechos humanos, a través de limitaciones a la oposición e incluso a los estudiantes, a los que se prohíbe manifestar, debiendo agregarse un desconocimiento de resoluciones de organismos de Naciones Unidas en temas vinculados con la instalación de plantas nucleares.

Tampoco pueden omitirse las denuncias que tienen que ver con apoyos al terrorismo internacional y la utilización de su territorio para el envío de drogas a los países americanos, en un conjunto de circunstancias a las que no puede extenderse el amparo de novedosas teorías, que no aparecen reconocidas en ningún Tratado, como una promovida por el Presidente Lula, que fuera calurosamente apoyada por el nominado Presidente Mujica, según la cual, no se debe "acorralar" a los Presidentes, olvidando que son los Presidentes quienes no deben asumir actitudes que los acorralen, ignorando los riesgos de sus consecuencias.

Las declaraciones emitidas, se formulan, además, en el mismo momento en que según lo informa nuestro corresponsal en Washington, se lanzó un alerta estratégico sobre las consecuencias que puede tener para la democracia en el continente la creación de una alianza política con Irán, teniendo en cuenta precisamente los abusos sobre los derechos humanos.

Se justifica, por lo tanto, un más atento y detenido análisis de las cuestiones señaladas, que deben analizarse con absoluta objetividad e independencia, pero sin ignorar ni dejar de evaluar los hechos en que se basan. Es por ello, que, sin ningún apresuramiento pero también sin eludirlo, debe procederse a la consideración del tema, dentro de un enfoque global, recogiendo lo que surge de los propios hechos, los aportes que pueda acercar la oposición y escuchando los que se consideren pertinentes desde el gobierno, para no cometer errores que después se lamenten, ni se afecte la imagen exterior del país, que ha sido labrada con esfuerzo, y capacidad, mereciendo un respeto internacional dentro de la comunidad de Naciones. Esa actitud debe concretarse sin perjuicio del respeto que se merece el pueblo y la religión de Irán, en un país donde ambos se encuentran profundamente unidos, pero que no permite ignorar por ello el respeto que se merece la vigencia de conceptos que se encuentran muy arraigados en el mundo occidental.

La convivencia internacional tampoco es fácil en el mundo moderno, y uno de los medios que la aseguran es ese respeto de los principios fundamentales, cuya salvaguarda debe asumirse como una obligación ineludible, amparado en un mayoritario consenso interno y en un temperamento que cuente con el más sólido respaldo, lo que sólo se logrará con una visión objetiva y pragmática de los hechos.

Se aguarda, por lo tanto, que al amparo de esas condiciones, se logre alcanzar un consenso que permita al Uruguay recuperar el lugar de privilegio que siempre ocupó dentro del panorama mundial.

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