El presidente de Venezuela vino y se fue. Dejó tras él muchas cosas curiosas. Por ejemplo, un compromiso (verbal) de suministro ilimitado de petróleo al Uruguay que presida el señor José Mujica. Emitió así una promesa análoga a la de discutible cumplimiento, que le hizo al presidente Tabaré Vázquez, al comienzo de su mandato.
Pero hay otras cosas paralelas. Menos curiosas pero más tristes. La Dirección de El País acaba de recibir desde Venezuela, un mensaje que dice: "Mientras Chávez hablaba de unidad latinoamericana en una fábrica de vidrio en Montevideo, las bandas armadas del gobierno, atacaron a tiros una manifestación estudiantil opositora en el Estado Táchira, matando a un estudiante de 20 años de un disparo en la cabeza. ¡Viva la Revolución Bolivariana!"
Un ejemplo más, de las facetas no ya pintorescas del gobierno del presidente Chávez, sino realmente escalofriante puesto que muestra el revés de la trama de la voceada cruzada bolivariana por la libertad y la independencia. Un trasfondo terrible, que refleja hacia qué tipo de libertad e independencia se va deslizando este amigo del gobierno "progresista" del Uruguay.
El disparo que mató al estudiante ha sido comentado poco o nada por los "progresistas" vernáculos, a quienes tan a menudo los vemos convulsionados por disparos injustos, que segaron vidas de estudiantes uruguayos, pero que se registraron en otros tiempos, hace varias décadas, como en el caso de Líber Arce, cuyo nombre hasta denomina a una calle de Montevideo.
Ahora tenemos ante nosotros un ejemplo de la violación flagrante de derechos humanos en un país de la América Latina de hoy. Un hecho derivado del autoritarismo chavista. Ese autoritarismo que no importa el signo que tenga, ya que los extremos se tocan. Ese autoritarismo que engendra instancias de violencia que alimentan homicidios que están reñidos con la vigencia plena de la democracia.
El episodio de Táchira nos sacude. Es de esperar que conmueva y haga pronunciarse a todos. Incluyendo a esos uruguayos que por estos días se los ha visto sonrientes, abrazando a Chávez, al tiempo que en su país ocurrían estas cosas.