EE.UU. pierde el liderazgo en tecnología

Tendencia. Es un país mundialmente reconocido como puntero en innovación tecnológica, pero está sufriendo la falta de inversión y el crecimiento de la competencia.

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NEWSWEEK

En la mayoría de las mediciones, Estados Unidos se mantiene como el líder mundial en logros tecnológicos. Basta considerar los Premios Nobel 2009: de las 13 personas distinguidas, nueve son estadounidenses. Si se dejan de lado los premios de economía, literatura y paz, Estados Unidos, con el 5% de la población del mundo, igual ganó casi el 70% de los lauros. Pero los datos y las tendencias muestran que la imagen de un Estados Unidos vanguardista en tecnología está comenzando a ser precisamente eso: una imagen, y no la realidad.

Pese a la terrible recesión, el país sigue dominando los campos de la tecnología de la información, las ciencias vitales y la nanotecnología, que son sectores clave para el futuro. El Foro Económico Mundial habitualmente menciona a Estados Unidos como la economía más competitiva del planeta (este año fue apenas superada por Suiza). Cuando a las personas que toman decisiones se les pide que hagan un ranking de países sobre la base de la innovación, Estados Unidos siempre surge primero por amplia diferencia.

Todo esto puede ser cierto hoy. Pero, ¿es posible que los logros estadounidenses reflejen el pasado más que ser un pronóstico del futuro?

Es importante tener presente que los indicadores que sitúan a Estados Unidos con tanta ventaja en realidad están rezagados. Hay tendencia a otorgar el Premio Nobel a científicos septuagenarios, hacia el final de sus vidas productivas. ¿Qué ocurre entre los científicos de treinta años? ¿Quiénes están haciendo hoy los hallazgos que les significarán recibir el Premio Nobel en cuatro décadas?

Dos estudios completos difundidos este año se basan totalmente en estadísticas oficiales y otros datos duros: uno fue producido por Boston Consulting Group (BCG) y el otro por la Fundación de Tecnología de la Información e Innovación (ITIF, según su sigla en inglés). En los dos, a Estados Unidos no le fue muy bien, ya que se situó en octavo lugar en el estudio de BCG y sexto en el de ITIF.

imágenes. Como una estrella que todavía aparece luminosa en los confines del universo pero que se está agotando en el núcleo, la reputación de Estados Unidos es bastante más fuerte de lo que muestran los datos duros.

Por ejemplo, el relevamiento del Foro Económico Mundial señala que EE.UU. es el principal receptor de capital de riesgo del mundo y tiene el tercer mayor gasto en investigación corporativa, aunque los datos actuales revelan que se ubica en quinto lugar en las dos categorías.

Lo más llamativo es que el ranking de ITIF muestra que, en los últimos años, Estados Unidos ha tenido el menor avance entre los 39 países analizados en materia de mejora de capacidad innovadora y de competitividad interna.

Las mediciones son estándar, cubriendo desde el gasto del Estado en investigación, donde EE.UU. tiene un buen resultado, hasta la tasa impositiva a las empresas, donde tiene pobre desempeño.

competencia. Parte del retroceso obedece a que otros países -desde Singapur y Corea del Sur hasta Canadá y Suecia- están modificando sus leyes y sistemas, con la finalidad de ser más competitivos. Estados Unidos no aumentó la tasa impositiva a las empresas. Otros, en cambio, la redujeron. Pero está quedando rezagado en un recurso clave: el capital humano.

Ya sea medido por el porcentaje de chicos que egresaron del ciclo de educación secundaria o por los resultados de exámenes estándar, no está produciendo el tipo de trabajador necesario en una economía basada en el conocimiento. Aun bajo las mediciones apropiadas, la superpotencia tiene buen resultado, pero su brillo se está apagando. La brecha entre Estados Unidos y el resto del mundo se reduce.

oleadas. De alguna manera, la posición dominante que tuvo Estados Unidos fue una aberración. Los triunfos tecnológicos descansaron en tres oleadas que comenzaron a sucederse a fines de la década de los `30.

La primera fue la oleada de destrucción que castigó a casi todos los países y por cierto a otros competidores económicos, durante la II Guerra Mundial. Alemania, Francia y Gran Bretaña fueron devastadas, sus ciudades e industrias reducidas a escombros y ruinas.

Si se agrega la I Guerra Mundial y la Gran Depresión, los efectos de esta "guerra de 30 años" fueron más allá de la destrucción física. Los sistemas político, económico y social fueron abrumados por trabajadores furiosos, populistas, fascistas y comunistas de ese momento.

El resultado: a fines de los `40, la mayor parte de Europa todavía racionaba los alimentos, reconstruía las ciudades, puentes y rutas, y se adaptaba a nuevos sistemas políticos. Estados Unidos, en cambio, estaba en una posición muy diferente y en los ámbitos de la tecnología y la economía no tuvo un rival serio por muchos años.

La segunda oleada, vinculada a la primera, fue la generación de inmigrantes que abandonó Europa y pobló las universidades, centros de investigación y de estudios económicos, políticos y sociales estadounidenses. No pueden exagerarse los dividendos que dejó al país.

En la década de los `30, Alemania era la nación líder en investigación científica, la que en gran medida era realizada por judíos. Pese a las restricciones a la inmigración, 100.000 judíos ingresaron a Estados Unidos en la década de los `30. En los años `50, el sistema de investigación y tecnología estadounidense -universidades, centros y empresas- se había convertido en un imán para emprendedores y personas con pensamiento científico de todo el mundo.

Cuando las restricciones a la inmigración fueron suavizadas en 1965, comenzó otra gran ola -esta vez de indios y chinos de gran capacidad, y con frecuencia con adiestramiento científico-, que llegó a Estados Unidos.

La tercera oleada fue el financiamiento masivo del Estado. Comenzando en la Gran Depresión y acelerándose durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno federal comenzó a destinar cuantiosos recursos a la investigación y el desarrollo, canalizando el grueso a través de las universidades, una innovación brillante que ha perdurado a lo largo del tiempo como modelo.

Después de la II Guerra Mundial, la Guerra Fría llevó el financiamiento a nuevos picos, por lo que en la década de los `50, Estados Unidos gastó 3% del Producto Interno Bruto (PIB) en investigación y desarrollo. Representó la mayor parte del gasto total en ciencia en el planeta.

logros. El financiamiento estatal de la investigación básica ha sido asombrosamente productivo.

A lo largo de las últimas cinco décadas, condujo al desarrollo de Internet, lásers, satélites de posicionamiento global, la resonancia magnética, el hallazgo de las secuencias de ADN y cientos de otras tecnologías. A veces, el gobierno no fue el inventor, pero sí el facilitador, dando lugar al desarrollo de toda una industria que lideraba a nivel mundial.

Pero también es cierto que después de la Guerra Fría, cuando las dos superpotencias dejaron de lado la carrera espacial y la lucha por el predominio en el globo, las inversiones en investigación comenzaron a ser más reducidas. Esto trajo, como ineludible consecuencia, el rezago de Estados Unidos en materia tecnológica.

DESAFIantes. Durante las dos últimas décadas, las tres grandes oleadas que impulsaron a Estados Unidos a la cumbre de la innovación comenzaron a declinar. Es obvio que el resto del mundo no está en ruinas, sino todo lo contrario. El lugar de poderío tiene ahora nuevos dueños.

Otros países crecen con celeridad y esperan aumentar el valor agregado. China declaró que, dentro de dos décadas, 60% de su Producto Interno Bruto estará relacionado con la ciencia y la tecnología. Un caso más pertinente es el de Europa, que es pacífica, próspera y productiva. La unidad del continente puede estar limitada en el reino geopolítico, pero las naciones europeas se han unido y gastado ampliamente en determinados proyectos científicos.

También está el desafío de Asia. Las cifras son pequeñas, aunque la tendencia es clara. La investigación farmacéutica -dominada en la actualidad por Estados Unidos- está sucumbiendo ante la misma dinámica que llevó a la manufactura de camisetas y productos electrónicos al exterior.

"En 2006, 5,5% de todas las aplicaciones globales de patentes farmacéuticas nombraban un inventor o más situados en India y 8,4% nombraban a uno o más situados en China", de acuerdo con un informe de la Fundación Kauffman. Fue un incremento de cuatro veces desde 1995 y correspondió al aumento de la demanda de medicamentos en los mercados emergentes, que pasó de un 13% de las ventas globales del sector en 2001 al 27% en 2006.

Las cifras

40% Es lo que disminuyó la inversión en fondos aplicados a la tecnología en los 90.

10% Lo que invierte California, hogar del Valle del Silicio, en educación. Antes era 18%.

Dejó de atraer a los talentos de todo el mundo

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En los últimos años, la inversión estatal en investigación y educación cayó, con lo que Estados Unidos perdió competitividad en temas clave en el desarrollo tecnológico: la energía eólica, la energía solar y la producción de baterías. Dejó de ser un lugar atractivo para los más inteligentes.

Cuando llegó el final de la Guerra Fría, los estadounidenses dejaron de preocuparse por la amenaza soviética y, como resultado, los fondos de investigación y desarrollo en ciencias aplicadas se desplomaron. La caída fue de 40% en la década de los `90.

Ha levantado desde ese entonces, pero la participación del gobierno en el gasto total en investigación y desarrollo se mantiene cerca de su mínimo de todos los tiempos. Mientras las corporaciones gastan en ese rubro, no financian el tipo de desarrollo básico que conduce a grandes hallazgos.

La declinación estadounidense es más notoria en uno de los ámbitos de la alta tecnología donde el gobierno tuvo escaso interés hasta tiempos recientes: la energía.

energía. Las tres áreas más importantes, en las cuales la tecnología actual podría generar grandes resultados, son la energía solar, la eólica y la producción de baterías (porque la energía tiene que ser almacenada en algún lugar).

De acuerdo con lo que señala el banco de inversiones Lazard Freres, el principal productor de turbinas de viento (según ingresos) es una empresa estadounidense: General Electric. Sin embargo, las otras nueve entre las diez principales están diseminadas alrededor del mundo, incluyendo a Alemania (Nordex), Dinamarca (Vestas), India (Suzlon) y España (Acciona).

La situación en energía solar es similar: las empresas estadounidenses ocupan dos lugares en la lista de las diez principales (First Solar, en el número 2 y SunPower, en el 7), pero Japón y China ocupan tres puestos cada uno.

Los profesores de la Universidad de Harvard, Gary Pisano y Willy Shih, argumentan que, si bien Estados Unidos todavía produce alrededor del 14% de las células fotovoltaicas del mundo, "ya no es un jugar significativo en paneles solares de base de silicona cristalina, que es la tecnología predominante".

En materia de baterías, ocho de los diez principales productores tienen su sede en Japón. Sólo una (Johnson Controls) tiene su sede en Estados Unidos. La restante es BYD, de China.

pérdidas. El ascenso de otros países también reduce la otra gran ventaja que tenía Estados Unidos antes: ser el imán que atraía a los mejores y más inteligentes del mundo.

Pese a que no hay una buena manera de medirlo, parece obvio que, a medida que se incrementan las oportunidades en China, India y otros países en vías de desarrollo, menos científicos querrán o necesitarán abandonar sus países y culturas para vivir mejor.

A comienzos de los `80, alrededor del 75% de todos los egresados de los Institutos de Tecnología de India terminaron radicándose en Estados Unidos. En los años recientes, menos del 10% tuvo a Estados Unidos como destino.

La cultura estadounidense es abierta e innovadora, pero una serie de políticas oficiales le dieron poderosa forma y la realzaron.

El Valle de Silicio no surgió de un vacío. Creció en la década de los `50 en un estado como California, que había creado el mejor sistema de educación pública del mundo (desde el jardín de infantes hasta los programas de posgrado), una infraestructura magnífica y un ambiente amigable a los negocios que atrajo a industrias de la defensa y de la ingeniería.

En la actualidad, California construye cárceles y no campus universitarios. En 1976, gastó el 18% de su presupuesto en educación; esa cifra ahora es de alrededor del 10%. El estado se encuentra en situación de quiebra permanente, salvado sólo por créditos masivos y continuos. ¿Esas son las bases para los logros científicos del futuro?

El mundo no dejará de crecer y mejorar en innovación. El ascenso del resto del mundo es un fenómeno poderoso y positivo para todos. Pero, Estados Unidos debe adaptarse y no ser un espectador silencioso.

Durante las últimas tres décadas, el financiamiento de la investigación científica disminuyó, el sistema educativo ha seguido en declinación y la política de inmigración ha sido cada vez menos racional. Las políticas impositiva y de regulaciones han sido diseñadas pensando más en los intereses sectoriales internos que en competir a largo plazo.

Estados Unidos necesita cambiar su cultura si quiere preservar la capacidad de innovación y reavivar el sueño americano.

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