RENZO ROSSELLO Y JAVIER LYONNET
Un serbio detenido en Sudáfrica. La sospecha de que los 500 kilos de cocaína que faltan hayan salido en un carguero. Un croata detenido en Eslovenia y el recluido en Uruguay que proclama su inocencia, conforman el complejo rompecabezas.
Anastazije Martincic (36) inició un ayuno en su celda del Penal de Libertad. No se trata de una medida de protesta. Tiene miedo de que lo maten envenenando su comida. Su abogado defensor apeló el procesamiento. Asegura que no hay pruebas que lo vinculen con los 2.174 kilos de cocaína hallados en su yate. El recurso está a estudio de la Fiscalía, que en el plazo de una semana o diez días como máximo, dará su dictamen a la jueza especializada en Crimen Organizado, Graciela Gatti que dirige desde hace meses la investigación en torno a este caso.
Martincic insiste en que es un empresario interesado en invertir en Uruguay. Se desvincula totalmente de las dos toneladas de droga y, ahora recluido en la cárcel de máxima seguridad, dice incluso temer por su vida. Su abogado está dispuesto a llevar el caso ante el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU y esgrime la falta de prueba o semiplena prueba que vincule claramente a Martincic con la red serbia. El abogado Gonzalo Aires gestionó también la visita de representantes del consulado croata en Buenos Aires, contacto que Martincic espera tener en los próximos días.
Mientras tanto la Operación Guerreros de los Balcanes continúa rodando por el mundo y van cayendo una a una las piezas del complicado ajedrez: las autoridades creen estar ante una de las organizaciones mafiosas más poderosas de Europa del Este.
Si bien el corazón de este caso está precisamente en esa conflictiva zona de Europa, el paso de esta organización por el Río de la Plata sigue siendo investigado en las dos orillas.
Precisamente, fuentes de la investigación en Uruguay señalaron a El País que se sumaron abundantes indicios, documentación y escuchas interceptadas a los narcotraficantes que siguen echando luz en torno al accionar de la mafia serbia o serbocroata por estas latitudes.
De hecho, señalaron los investigadores, gracias a la información aportada desde Uruguay, en la última semana fue posible la detención de otros dos integrantes de la organización: un ciudadano serbio en Sudáfrica y otro croata en Eslovenia. Sobre este último recaen sospechas de ser uno de los principales cabecillas de la organización. Y es también uno de los cuatro requeridos por Gatti, razón por la cual la magistrada solicitará a la República de Serbia la extradición de este ciudadano que, de todos modos, debe responder por cargos muy graves en el país balcánico.
La investigación en las dos márgenes del Plata ha arrojado, por ahora, que los serbios tenían mayor actividad en Argentina que en Uruguay. Para los investigadores ni siquiera los contactos mantenidos por Martincic en el país -el único procesado en América del Sur por este caso- fueron más allá de contactos comerciales y con profesionales acreditados. Pese a ello, tanto desde la División Investigaciones y Narcotráfico (Divin) de la Prefectura Nacional Naval, como desde el Juzgado Especializado en Crimen Organizado de 1er Turno se tiene la convicción de que los indicios reunidos sí vinculan a Martincic con la red.
EL CROATA. Hace una semana Anastazije Martincic se puso en contacto telefónico con la redacción de El País. En un español mezclado con italiano -lengua que habla con más soltura- Martincic no sólo proclamó su inocencia. Dijo sentirse amenazado, y denunció que le quisieron "cobrar" medio millón de dólares "para dejarme libre en 24 horas".
Martincic está convencido de que lo van a matar. Por eso decidió dejar de comer desde hace 25 días: cree que intentarán envenenarlo. Permanece encerrado en su celda, lo más lejos que le es posible de los otros reclusos. Hace unos días, dice, le pasaron un papelito por debajo de la puerta en el que le pedían la suma de dinero mencionada para salir libre. Martincic insiste en que no tiene nada que ver con el cargamento que apareció en su yate.
Mezclando español e italiano, habla aceleradamente, como si mirara por encima del hombro. De todos modos aprovecha el contacto con el periodista para leerle las 24 páginas del recurso de apelación y reposición que presentó su abogado hace tres semanas. Lo hace como si citara un texto sagrado, y para él lo es.
Durante el contacto telefónico Martincic se muestra nervioso. Queda claro que desconfía de todo y de todos, desconoce las leyes del país y la mecánica de los procesos judiciales. Por ejemplo, está convencido de que la anónima petición de dinero proviene de la misma sede judicial.
"No hay prueba, sólo convicción", dice por su parte el abogado Gonzalo Aires.
"Hasta donde yo sé, él desconoce quién, cuándo, cómo y por qué, el barco estuvo solo más de 24 horas", argumenta Aires. Y precisamente, ese lapso en el que el yate Mauí permaneció solo amarrado al puerto de Santiago Vázquez es la clave para la defensa de su cliente. Aires agrega, además, que puede probar y lo hará que durante ese día -unas horas antes de la incautación-, Martincic estuvo en Piriápolis pidiendo un presupuesto por la pintura de su embarcación.
Pero, por sobre todo, el abogado está preocupado por la seguridad de su cliente. "Está en la peor cárcel del mundo, imagínese: un extranjero a quien se le acusa de estar vinculado a un cargamento multimillonario, los otros presos tratan de arrimarlo a su rebaño, de sacarle plata", comenta Aires.
De hecho Aires gestionó el traslado de Martincic a Cárcel Central de Montevideo, sin embargo tras estudiar los antecedentes del caso el jefe de Policía capitalino, Alberto Toscanini, negó el traslado aduciendo razones de extrema seguridad que deberían rodear al recluso y con las que no cuenta el establecimiento de la calle San José.
Desde el punto de vista del abogado, el caso de su defendido se contrapone a los principios del Derecho. "Estoy armando una denuncia, para el Alto Comisionado de Derechos Humanos de ONU. Se viola la presunción de inocencia, no se permite comunicación con la familia, se lo tiene confinado en un lugar que es una de las peores cárceles del mundo", asegura el abogado.
LA INDAGATORIA. La apelación presentada esta semana por la defensa de Martincic pasó a estudio, como es de rigor en estos casos, de la fiscal Mónica Ferrero. Una vez que la magistrada considere las argumentaciones del abogado defensor, su dictamen y el recurso pasarán a la resolución de la jueza Graciela Gatti. Consultada sobre este extremo la magistrada especializada en Crimen Organizado se excusó de hacer declaraciones mientras el tema esté a estudio: "mientras tanto me reservo toda opinión", señaló.
En tanto, fuentes del ámbito judicial indicaron por su parte que la acumulación de indicios reunidos en este último mes es abundante.
Documentos, transcripciones de escuchas telefónicas -tanto las autorizadas por la propia jueza Gatti, como las que efectuó la DEA estadounidense y la Policía Federal argentina-, así como abundante documentación enviada desde Serbia y Croacia al despacho de la jueza uruguaya.
Sobre esta base, confirmaron fuentes de la investigación, ha crecido la convicción del vínculo entre el ciudadano croata recluido en Libertad con la organización criminal.
De todos modos el capítulo uruguayo de la Operación Guerrero de los Balcanes parece aún lejos de llegar a su fin.
Caen dos más, pero no aparecen otros 500 kilos
La semana pasada fueron capturados otros dos integrantes de la organización criminal serbia. Uno de ellos es el ciudadano croata de iniciales G.D. (34), que fue capturado en la ciudad portuaria de Koper, en Eslovenia. Se trata de uno de los cuatro requeridos por la jueza especializada Graciela Gatti.
"Se va a pedir la extradición de ese ciudadano", informó la jueza Graciela Gatti.
Paralelamente, aunque aún resta la información oficial, fue detenido otro ciudadano serbio en Sudáfrica. En tal sentido, fuentes de la investigación señalaron que este individuo iba a bordo del buque carguero que se cree iba a transportar las casi tres toneladas de cocaína a Europa. De hecho, los investigadores de la División Investigaciones y Narcotráfico (Divin) de Prefectura creen que en ese buque mercante bien pudieron ser embarcados los 500 kilos de cocaína que nunca fueron hallados tras la incautación de 2.174 kilos de droga en el yate.
Este es uno de los puntos oscuros del caso. Del mismo modo, aún no se ha logrado establecer cómo embarcaron las dos toneladas de drogas en bolsos deportivos en las cabinas del yate Maui. Las fuentes del caso señalaron que se reconstruyeron prácticamente todos los movimientos del yate de bandera británica comprado por Martincic a un uruguayo el año pasado en el Buceo.
La investigación que en Uruguay comenzó, precisamente, con la compra de ese yate bajo la sospecha de una maniobra de lavado de activos, moviliza a varias agencias policiales. La que ha seguido paso a paso los movimientos de los serbios por medio planeta es la DEA estadounidense, agencia que ha suministrado buena parte de la vigilancia electrónica sobre los integrantes de la red. En Serbia ya llega a la decena la cantidad de miembros de la organización capturados, entre ellos quienes se cree son sus líderes.
En Buenos Aires, entre tanto, la Policía Federal y la Prefectura Naval de ese país procuran dar con dos ciudadanos argentinos que operaron como nexo de los narcotraficantes. Estos, cabe recordar, habían comenzado a alquilar costosas propiedades en zonas residenciales de Buenos Aires y habían adquirido varios vehículos de alto valor. En los allanamientos practicados en esas fincas las autoridades argentinas hallaron armamento y sofisticados equipos de espionaje electrónico.
Según la información manejada por los medios de comunicación serbios, los propietarios de este cargamento -valuado en unos US$ 108 millones- conforman una poderosa organización mafiosa cuyos integrantes son ex agentes de los servicios de inteligencia yugoslavos. Se les vincula además a la trata de personas, contrabando de armas, robo de vehículos en Europa del Este.
Claves del puzzle balcánico
INCAUTACIÓN El 15 de octubre la unidad antidrogas Divin de la Prefectura, llevó a cabo la mayor incautación de cocaína en la historia a bordo del yate Maui. En el operativo Santa Lucía, además de confiscar 2.174 kilos de cocaína, quedaron dos detenidos: un escribano uruguayo y el croata Anastazije Martincic.
VIGILADO El 13 de octubre los efectivos de Divin vigilaban los movimientos del yate. Para entonces hacía un mes que los investigadores navales coordinaban la investigación secreta con la jueza Gatti. El día anterior, al mediodía el Maui salió desde Piriápolis y regresó el martes 13, de mañana. Los agentes vieron que estaba algo hundido por sobrepeso. Más tarde volvió a zarpar, y esa madrugada entró al puerto de Santiago Vázquez.
SOSPECHAS Desde la compra del yate por parte de Martincic el año pasado, persistía en los investigadores de la Divin la sospecha de una maniobra ilegal. El yate fue comprado por US$ 250 mil a un propietario uruguayo al contado. Ese fue el inicio en Uruguay de la investigación.
EL ACUSADO "Conozco las bolsas de valores, de oro, de metales, me pongo a consultar dónde invertir, quería invertir en distintas actividades. Conozco gente que da dinero para invertir, son personas que no miran de qué y cómo es ese dinero para invertir", declaró Martincic a la Justicia. El croata trabajó 14 años en la Prefectura serbia y tiene una empresa, TM investments.
CABOS SUELTOS Un faltante de 500 kilos de cocaína y otros dos ciudadanos serbios aún no capturados son los pendientes de este caso. El faltante de droga fue buscado sin éxito en la costa uruguaya. Se cree que fue embarcado.