Un conductor

La eventualidad de que José Mujica pudiera llegar a ser presidente del Uruguay, inspira día a día renovados temores. No ya entre quienes en la primera vuelta no lo votaron, sino entre sus propios votantes. En estos momentos circula un estudio que sostiene que de los votos, que obtuvo Mujica en aquella elección, ya en estos momentos existe un número de votantes que no reiteraría su opción en la segunda vuelta de noviembre.

El senador Sergio Abreu fue claro al afirmar que con el paso de los días "avanza el temor" sobre la posibilidad de que Mujica sea presidente. E ilustró su pensamiento diciendo: "Esto es como si elegimos al conductor de un ómnibus que no tiene libreta de conducir y la última vez chocó, mientras los dos o tres copilotos se contradicen. Con ese ómnibus nos vamos al abismo".

En las jornadas que siguieron al acto electoral del 25 del mes pasado, la cúpula frenteamplista procuró silenciar a su candidato presidencial. Advirtieron que sus expresiones verbales cada vez perjudicaban más sus "chances" electorales y se optó por hacerlo callar. Esto pareció tener éxito en lo inmediato, pero a esta altura se advierte que Mujica no puede silenciarse por mucho tiempo. Que es irrefrenable su verborragia.

Se ha querido hacer creer que si Mujica llegara a ser presidente, delegaría funciones en Danilo Astori, como nunca antes las delegó en su vicepresidente, ningún primer mandatario del país. Pero esto no es creíble pues es evidente que el candidato presidencial se cree sabelotodo y tiene noción clara de lo que quiere hacer. Una noción peligrosa, pero clara. Una noción que como dijo Abreu lleva al despeñadero, pero clara.

Han tratado de esquivar el debate hombre a hombre, cara a cara, con el otro candidato, el doctor Luis Alberto Lacalle, pues es evidente que Mujica allí quedaría mal parado. Fue así que nació la propuesta del "debate entre fórmulas". En ello insiste Astori. Simultáneamente surgió lo del viaje a Europa, con lo que el senador Mujica se calzaría el traje gris y dejaría de hablar aquí por unos días.

Algo que seguramente aliviaría a sus asesores, pero no contribuye a que los uruguayos sepan bien a quien eligen.

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