Los vecinos de la calle Del Lucero y la circunvalación Uruguay, de Shangrilá, recién ayer lograron tener la primera noche de sueño completa desde el sábado a la tarde. Para algunos de los residentes en la cuadra donde vivía bajo la más extrema reserva el contador Saúl Feldman Szerman (64) lo que ocurrió entre la media tarde del sábado y la mañana del domingo fueron escenas de una película de acción. Tanto que incluso uno de ellos tomó su cámara y filmó el tiroteo, la irrupción de los equipos GEO luego de volar la puerta y la toma por asalto de la residencia donde Feldman vivía solo con sus cinco perros.
Pero, en general, los vecinos de la cuadra rehuyen al contacto con la prensa. "Casi nadie lo conocía, en realidad veíamos más a la empleada que a él", comentó una joven de una de las casas vecinas.
Lo cierto es que el punto -muy próximo a la rambla- se había convertido ayer, pese a la lluvia persistente, casi en un sitio de atracción turística del lunes feriado.
Decenas de vehículos pasaron durante el día por la estrecha callecita del balneario, detuvieron la marcha y desde el interior del vehículo los ocupantes señalaban hacia la casa custodiada por un coche de patrulla, y luego seguían camino.
Para condimentar aún más el misterio que encierra la elegante residencia de Feldman, en el poste de luz frente a la finca alguien hace mucho tiempo colocó un mensaje escrito en bajorrelieve sobre un trozo de madera clavado al poste: "El que busca encuentra".
Por lo pronto la finca de Shangrilá no parece revestir demasiado interés para los investigadores, en cambio sí la de la calle Elba en Montevideo donde fue hallado el arsenal de guerra. La cantidad de armas, municiones y explosivos ya supera las 600 piezas.
LA CALLE ELBA. "Acá en el barrio decimos que nacimos de nuevo", comenta Héctor, un vecino lindero a la casa de Elba 4210 esquina Ibirocahy, donde ayer fueron encontradas más armas. Los vecinos del barrio Aires Puros no salen del asombro; ayer la calle continuaba cortada y Policía Técnica seguía haciendo su minucioso trabajo.
"La gente me dice que no puede creer que no haya notado nada raro en este tiempo, ni ver que bajaba armas, pero es así: no vi nada. No sólo yo; ninguno de los vecinos vio nada raro", apunta Héctor.
"Hay una mujer que a veces lo acompañaba de la que no vi que se hablara hasta el momento. Es una mujer rubia de unos 50 años, que él a veces la dejaba en la esquina y ella abría la puerta y lo esperaba. No es la empleada que tenía en Shangrilá", aseguró el vecino.
"El hombre era muy reservado, tenía una relación con la mujer que vivía antes en la casa y a veces venía y se quedaba un rato -relató Héctor-. Un día a la mujer, que era bastante antipática y parecía que tenía problemas psiquiátricos, no la vimos más. Hace como 5 años. Un día le pregunté a él por la señora y me dijo que estaba cuidando a una hermana enferma que tenía en el Interior, después nos enteramos que ella también estaba muy enferma".
"Ella le había comprado la casa a un militar, creo que de rango coronel pero hace mucho tiempo, imaginate que yo vivo acá hace 30 años y eso fue antes. Cuando la mujer desapareció el hombre empezó a venir solo", contó Héctor.
Feldman, al principio, iba a la casa cada cuatro o cinco días y ésta comenzó un proceso de abandono. "No tenía portón y los gurises entraban hasta el fondo de la casa y entonces le dije que le convenía poner un portón alto porque lo podían robar, también esa situación me generaba inseguridad a mi casa que está lindera", explicó Héctor.
Feldman colocó rejas de unos dos metros de alto que tiene hoy en la vivienda y trajo a dos perros cimarrones que aún permanecían en la casa. "Se notaba que era fanático de los perros, porque cuando venía traía varios en el auto. Bajaba bolsas de comidas para animales y se quedaba rato hablándoles. Era de pocas palabras con los vecinos y se lo veía bien físicamente a pesar de que parece que estaba enfermo de cáncer, puede ser, pero no creo que en una etapa terminal. Era muy callado pero nunca lo vi nervioso, o que anduviera apurado o algo así", recordó Héctor.
El incendio ocurrido entre la noche del viernes y la madrugada del sábado que dejó al descubierto el caso no fue el primero ocurrido en la casa de la calle Elba. "Hace como 10 años hubo otro incendio que empezó en un cortocircuito de la televisión pero la mujer no quería que nadie entrara, ni siquiera los Bomberos", recordó el vecino de la calle Elba.
Él junto a otros vecinos de la cuadra expusieron su vida el sábado, cuando intentaron apagar el incendio desatado usando baldes de agua y mangueras hasta que llegaran los bomberos. "Yo tenía la camioneta afuera y de repente escuchamos como una explosión y vimos un fogonazo. Pensamos que era la camioneta, pero enseguida vimos que era en la casa de al lado. Como haría cualquier persona tratamos de aguantarlo hasta que llegaran los Bomberos, ni nos imaginamos que estábamos apagando un polvorín con baldes", comentó el vecino.
La tranquilidad todavía no ha vuelto al barrio. Por lo pronto la Policía mantiene la cuadra cercada, mientras los expertos en criminalística y armas trabajan dentro de la finca.