Gustavo Penadés
El resultado de las pasadas elecciones admite variadas lecturas. La más importante, sin duda, es la consolidación de una visión del país que no comparte las tradiciones, valores y creencias de una parte muy importante de nuestra sociedad.
Es un hecho que no admite discusión en cuanto a su legitimidad democrática, pero que, no obstante, conlleva el sentimiento de desamparo para la mitad del país.
Vemos que nos encontramos ante un escenario en el que un partido político podría llegar a concentrar la totalidad del poder del Estado, con el agregado de que sus mayorías, como así también su candidato y los legisladores que lo respaldan pero, por sobre todo, su pensamiento, responden a las posturas mas radicales.
Ante esa realidad que podría llegar a tener hondas repercusiones en nuestra comunidad, es imperioso avanzar por un camino que lleve a la conformación de un gobierno de unidad nacional, esto es, un gobierno en el que se sienten representados los unos y los otros.
La clave del tema pasa, entonces, a ser la del relacionamiento entre los dos bloques y el de la búsqueda de caminos que posibiliten una plena integración social. Es decir, la consolidación de un estado de equilibrio institucional que optimice los esfuerzos por dar cabida y representación a la sociedad en su conjunto y así atender aquellas cuestiones que cobran importancia estratégica en la proyección futura del Uruguay.
El compromiso que pone a consideración de la ciudadanía la fórmula Lacalle-Larrañaga es ese. Un candidato a la Presidencia que, además de su reconocida capacidad de gestión, es capaz de dialogar y de actuar con espíritu Nacional.
Por su parte, el Dr. Larrañaga se ha mostrado como un político hábil para actuar en la difícil función que la Constitución le comete al vicepresidente de la República, esto es, la conducción de la Asamblea General y, por consecuencia, la de ser el articulador, el generador de los necesarios acuerdos políticos a nivel parlamentario.
Iniciamos una campaña hacia el balotaje convencidos de la superioridad de nuestra propuesta y de nuestro candidato, pero, siendo conscientes de que nuestro país hoy, por encima de toda otra cosa, requiere imperiosamente caminos de entendimiento que confluyan en la conformación de un gobierno de unidad nacional, que transmita amparo y protección a todos y cada uno de los ciudadanos, con abstracción del partido político al que pudieran adherir.
A ese camino están convocados todos los ciudadanos, pero quizás especialmente quienes, habiendo optado por el Frente Amplio, están preocupados por las consecuencias de la concentración de poder por parte de los sectores más radicales; lo que conllevaría un estado de exclusión y marginación de todos aquellos que, con derecho sostienen distintas posiciones.
La segunda vuelta es un barajar y dar de nuevo en la convocatoria electoral.
A ella nos conduce la decisión de los uruguayos del 25 de octubre.
Para nosotros, Lacalle y Larrañaga son las mejores cartas de esta nueva partida, sobre todo, si en el horizonte está, como triunfo, la unidad nacional. Un esfuerzo para que todos se sientan orgullosos de su país y no resignados por vivir en un "paisito".
"Creemos en los caminos de entendimiento que conformen un gobierno de unidad nacional, de todos y para todos".
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