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Washington Beltrán Storace
Pese al rostro serio y la seña de una mata marcada en su boca como rictus amargo que acompañaron a José Mujica al hablar para la prensa, el Frente Amplio registró ayer una formidable votación.
Es cierto, tal vez esperaba más y las primera proyecciones difundidas por televisión así lo hacían presagiar, pero en definitiva, si bien tuvo muchísimos votos no alcanzó a repetir la performance de Tabaré Vázquez: ahora, deberá enfrentar una segunda vuelta (balotaje) para alcanzar, o no, la Presidencia de la República y el Frente Amplio perderá su mayoría automática en el Parlamento. Dos factores que fueron fundamentales en el triunfo de Vázquez, porque le permitieron gobernar sin necesidad de acuerdos interpartidarios y sin la presencia y contralor de las minorías en la administración.
El Partido Nacional, que tras la interna de junio y la rápida solución a su fórmula arrancó con fuerza formidable, se fue deshilachando por la astucia frentista para explotar errores que, a pesar de ser anecdóticos o mínimos, fueron capitalizados con éxito. Cuando en los últimos días reencontró el camino, ya fue tarde: el daño estaba causado y el tobogán no lograba enderezarse.
Muy buena fue también la votación del Partido Colorado. Tenía la ventaja de que partía desde un piso muy bajo y se lo miraba como un outsider. Una campaña inteligente y sin estridencias, le permitió aprovechar las bajas que el fuego cruzado entre Mujica y Lacalle provocaban en este último.
Mejoró también el Partido Independiente y su líder. Pablo Mieres está muy cerca de alcanzar una banca en el Senado, que lo ubicaría en una situación estratégica a la hora de definir mayorías parlamentarias. Porque a grandes rasgo, la gran torta porcentual del 2004 se repitió. Sólo cambió la distribución de la mitad más chica.
Quedaron por el camino los dos plebiscitos: la anulación de la ley de caducidad y el voto epistolar. Son temas para analizar en profundidad, sobre todo el primero, que ya había sido objeto de un referéndum y ahora nuevamente el pueblo envía su señal de dar vuelta esa página negra de nuestra historia.
A partir de hoy empieza el tercer y definitivo camino para elegir al próximo Presidente de la república. La lucha de los Partidos quedó atrás. Ahora es un mano a mano entre dos candidatos, José Mujica y Luis Alberto Lacalle. Los uruguayos deben elegir por uno o por otro.
Mujica parece muy cerca; un par de puntos más le asegurarían la victoria, pero -como dijo Astori ayer en un lógico mensaje confrontativo- lo que está en juego aquí son dos maneras de ver el país, de pensarlo y de sentirlo.
Lacalle deberá tejer alianzas de gobierno (no electorales) con el Partido Colorado y el Partido Independiente. Sobre el final de la víspera, Bordaberry anunció que votará al ex presidente. Le falta el apoyo de Mieres pero, por sobre todas las cosas, convencer a muchos compatriotas que su proyecto para Uruguay es el que asegurará rumbo seguro para ellos y para sus hijos.
La lucha de los Partidos quedó atrás. Ahora es un mano a mano entre dos candidatos, Mujica y Lacalle, para ocupar la Presidencia.
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