Las libertades

JUAN MARTÍN POSADAS

El siglo XIX fue en el continente americano el siglo de la libertad. Las naciones del continente fueron logrando su independencia, construyendo jurídica, política y culturalmente un tránsito desde el sometimiento al poder absoluto hacia la libertad republicana. Ese proceso fue más rápido y más claro en algunas naciones que en otras. En ciertas regiones las libertades no alcanzaron a los indígenas ni a los pobres. Nuestro país, en cambio, se distinguió del resto: libertades individuales, garantías del sufragio, educación universal, prensa libre y derechos políticos fueron realidades tempranas. Esos valores se fueron incorporando al imaginario colectivo nacional casi como señas identitarias del Uruguay.

Tanto valor se llegó a atribuir a esas conquistas y tan importantes se las consideraba que los uruguayos nos dolíamos y nos indignábamos cuando eran vulneradas aún en otros países. Tengo vivo en los recuerdos de mi niñez que los informativos de Radio Carve terminaban siempre, todos los días, con la noticia: "Continúa clausurada Radio Stentor de Asunción". La dictadura de Stroessner había clausurado una radio y eso provocaba en el Uruguay una indignación sostenida y la radio más escuchada del país arrojaba su reproche al rostro del dictador paraguayo todos los santos días del año.

Un pueblo se distingue por las cosas que lo indignan.

Los uruguayos valorábamos la libertad de expresión y la libertad de prensa; acá, que la teníamos, y en cualquier lado. No la considerábamos una mera libertad formal: la indignación ante sus violaciones era una forma de preciada altivez ante el poder despótico y una expresión concreta de la dignidad del hombre en su libertad.

En los tiempos que corren, el gobierno de Chávez en Venezuela ha clausurado cientos de radios y la cadena más popular de televisión. Aquí, como si nada. Los estudiantes, la Universidad, el Pit-Cnt, todos calladitos. Chávez sigue siendo para muchos un admirado líder (aunque su visita les resulte molesta a la hora de pedirle el voto a los uruguayos). En Ecuador el Presidente Correa está por enviar al Congreso una legislación para expropiar los medios de prensa que se le oponen; las ondas radiales -dice- son del pueblo y no permitiremos que sean usadas contra él (pueblo o Correa, él cree que es lo mismo). No faltan compatriotas que lo alaban como gobernante progresista. En la Argentina -país más culto, más desarrollado y de pasado más sólido que los anteriores- el poder ejecutivo conyugal (que expresa a viva voz su apoyo a Mujica) está impulsando una ley de comunicaciones, que ya tiene media sanción en diputados, para controlar los medios de comunicación. Nada de eso ha motivado, no digo la indignación, pero ni siquiera una expresión de preocupación de parte de los intelectuales de izquierda o de las figuras políticas de nuestro gobierno.

Los tiempos han cambiado, el valor que le reconocíamos a la libertad de prensa se licuó, los atropellos que vemos a nuestro alrededor ya no nos indignan. El Uruguay, en este terreno, ha dejado el tendal de prendas del apero por el camino. Me empiezo a preguntar sobre la autenticidad de muchas protestas cuando el gobierno militar censuraba acá los medios de prensa. Pero recapacito; hace cincuenta años que medio país -intelectuales, políticos, periodistas, etc.- se traga y digiere con complacencia y toda clase de justificaciones la falta de libertad en Cuba. Cuando se habla de la pérdida de los valores éste es un caso flagrante. ¡Qué lejos va quedando el viejo Uruguay y su amor a la libertad!

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