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Carlos MAggi
Para ser partidario de las medidas que aplicaron en la última década del siglo los gobiernos progresistas en todo el mundo, es necesario irse al extranjero, con la simpatía. Ser de izquierda en el Uruguay resulta incompatible con el pensamiento y con la información; exige ser ignorante o estar distraído; y muchas veces soportar cargos de conciencia".
COMENTO: Este párrafo de absoluta actualidad (soportar cargos de conciencia), inicia el prólogo de un libro publicado en el año 2002 (1). En ese mismo prólogo había otras referencias al futuro que estamos viviendo.
- "La mera comparación entre la involución argentina (preferida) y la evolución chilena (ignorada), pone de manifiesto la inmoralidad del discurso falsario de la izquierda uruguaya."
"La segunda omisión refiere a la cesación en la educación cívica de los ciudadanos."
La reforma del Estado es un punto superado en el mundo. La discusión terminó; y esto no es una apreciación personal, terminó por que la reforma se hizo y nadie quiere dejarla sin efecto. Sin embargo, una gran proporción de la ciudadanía uruguaya sigue ignorando este dato. Y lo peor: no hay atisbo de que la noticia sea divulgada ¡Puede resultar inconveniente para los intereses electorales. Más vale seguir confundiendo a la gente!"
"La conducción del Frente Amplio sabe que el reciclaje ideológico de la izquierda uruguaya es tan inevitable como la reforma del Estado, pero sus dirigentes consideran que la actualización no es compatible con ganar las elecciones, craso error de apreciación; en consecuencia, se pusieron de acuerdo para pensar una cosa y decir otra, grave inmoralidad."
"En caso de ganar las elecciones, muchos votantes del Frente Amplio sentirán con razón que fueron trampeados por su propio gobierno y no perdonarán una traición tan premeditada" (1).
Lo que antecede fue escrito a principios del año 2002.
Para comprobar hasta donde la izquierda es sorda y es muda, basta con remitirse a los trabajos del Centro de Estudios Estratégicos 1815; una actividad orientada a fijar un conjunto de políticas de Estado.
Pero esa plausible investigación fue inexplicablemente ninguneada. La izquierda marxista del Uruguay es inconmovible y no admitió las ideas renovadoras del Instituto creado por Liber Seregni; el fanatismo conservador es absoluto y absolutista.
El dos de septiembre del año 2000, el doctor Tabaré Vázquez, pronunció un discurso referido a la necesaria actualización de la ideología; y ese discurso fue ratificado en el Plenario del Frente. Vázquez hizo puntualizaciones concretas y previno expresamente, contra "el peligro de las utopías trasnochadas."
Escribí entonces:
- "Vázquez inauguró así, un nuevo estilo para la izquierda nacional, acercándola al modelo seguido por los gobiernos socialistas de Europa.
Este discurso se parece a la colocación de una piedra fundamental, anuncia una construcción doctrinaria."(10/9/2000, titulo: "Entrando al siglo XXI").
Pero la vieja guardia comunista y sus bases se encargaron de trabar cualquier actualización del pensamiento. Están clavadas en la época soviética y su reacción se ha hecho tan fuerte que el señor Mujica le avisa a sus seguidores:
- "No le doy pelota, al Presidente" y sobre esa base gana las elecciones internas.
El Frente Amplio sigue pensando como pensaba antes del gobierno del doctor Vázquez.
No hay en el seno del Frente Amplio, ni actualización ideológica, ni reforma del Estado, ni garantías para nadie.
Al revés, se palpa el disgusto generalizado que aparta a Vázquez y a Danilo Astori; ninguno de los dos fue suficientemente antiguo; la magnitud de ese disgusto, puede medirse a la unidad, con el escrutinio de las elecciones internas.
El Presidente Vázquez cuenta con el 65% de la opinión pública, pero la mayoría del Frente no está dispuesta a seguir sus pasos; piensan a la manera de 1980, cuando todavía duraba la guerra fría. Los partidarios de Mujica no registran en su memoria, la caída del socialismo real.
No quisiera estar en las zapatos de Mujica que si gana, pierde; porque va a tener que apartar a las bases que lo apoyan; o va tener que apartar al bien común, para satisfacer el pensamiento tosco y anacrónico del marxismo primitivo, es decir: de la izquierda muerta y enterrada en todo el mundo. Este dilema terrible, no soy yo quien lo descubre; y mucho menos es ahora que se pone de manifiesto.
El fin de la discusión marxista lo inició hacia 1997, un libro del italiano Massimo D`Alema (2), cuya nueva doctrina, unificó a la izquierda de su país. Por esa vía llegó a la presidencia Romano Prodi y los comunistas reciclados alcanzaron el poder. Italia encabezó así una reforma izquierdista que abarcaría Europa y Asia.
D`Alema escribió:
- "Sin un salto cultural, sin un corte, la izquierda pasará por el gobierno como un equipo ineficiente, prejuiciado y aterido. Es alarmante ver tantos "revolucionarios conservadores", inhibidos por sus ideas "históricas".
Hay un sector importante de la izquierda que siente nostalgia por los años en que éramos derrotados en las elecciones. La oposición heroica, la izquierda incomprendida de los sesenta, podía soñar con otro mundo. No éramos responsables de nada, éramos espectadores seducidos por nuestra propia imagen: asépticos y críticos." (2)
COMENTO: ¿Habrá manera más perfecta de expresar la nostalgia por los años 60, que elegir para candidato a un tupamaro distinguido?
¡Pasó medio siglo y hubo una hecatombe, una implosión que conmovió a la mitad del planeta! ¿Qué enseña China comunista, para bien y para mal? ¿Mujica quiere volver al año 1917?
Sigue D`Alema:
-" En la década del ochenta el país decidió reducir las diferencias sociales y dispuso de enormes recursos para ejercer la justicia en forma directa. Nunca en nuestra historia hubo un aumento del gasto público semejante. Sin embargo la generosidad distributiva no tuvo el menor efecto positivo." (2) "Son viejos remedios, financiar el empleo con el aumento del gasto público y los impuestos. Eso, que se hizo hace muchos años, hoy ya no funciona." (3)
COMENTO: Hace 12 años que la izquierda uruguaya se niega a leer a este formidable renovador que empezó por cambiarle el nombre al "Partito Comunista" por un nombre más tolerable: "Partito di sinistra."
La candidatura elegida por el Frente, da la medida del atraso mental: 45 años.
La modernidad no es cuestión de izquierda o derecha, es cuestión de antes o después, de parálisis o no, en las ideas.
Para el Frente (y así se lee en su campaña electoral) es como si nada hubiera pasado en 1989, como si nada se hubiera sabido, como si nada importara la tendencia sudamericana hacia la opresión legalizada que empieza en una elección legítima y termina con la desaparición del sistema democrático. Mujica habla de otra cosa. Son recalcitrantes. Exigen cambios y miran el espejo retrovisor.
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(1) Maggi, Carlos, "El fin de la discusión", Ediciones de Plaza, Montevideo, junio del 2002.
(2) "La izquierda en una Italia que cambia", edición Feltrinelli, Milán, 1997.
(3) Revista "Asperia", órgano del Instituto Aspen de Italia, noviembre 1998.
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