El tiempo es un tobogán, ya se sabe. Y la memoria no suele ser demasiado obediente con su primer oficio, olvidar, según decía el poeta y Nobel italiano Eugenio Montale. Afortunadamente.
En setiembre de 1977, recibí con sorpresa el libro "Testimonios" (correspondiente al bienio 1975/77) escrito por Victoria Ocampo, esa avasallante personalidad de las letras y la cultura de nuestro tiempo. Tenía una generosa dedicatoria que releo mientras escribo. Debajo de la firma agregaba Victoria: "El único mérito de este libro es no estar aún en las librerías". Pocos días más tarde me llegó una carta de Victoria Ocampo; ella ponía, al fin, claridad a mi alegre desconcierto. Me agradecía el artículo que había escrito para El País sobre su ingreso (era la primera mujer en hacerlo) a la Academia Argentina de Letras. Había llegado a sus manos a través de Victoria Pueyrredón. No tuve oportunidad de hablar personalmente con ella. Nunca la vi. Victoria Ocampo murió en 1979. Había nacido en 1890.
Aquella mujer convertía la noche en día. Su vida incansable es difícil de resumir. Larga y proficua su andadura y grande su legado. Así lo testimonia, hoy, este bello libro/objeto: "Villa Ocampo. Escenario de cultura" (Sudamericana). Los textos son de Ivone Bordelois y de Fabio Grementieri. Están enriquecidos por incontables fotos de aquella mujer y de sus célebres amigos internacionales, así como de la casona y su refinado mobiliario.
El tema es esencialmente "Villa Ocampo", que mandó construir el padre de Victoria en 1891. Una mansión franco victoriana de 1.560 metros cuadrados, que se transformó "en un navío que transportará y difundirá los diseños de una generación transfigurada por la energía y la originalidad invencible de Victoria Ocampo", como dicen los autores de este libro. Baste recordar que allí llegaron Graham Greene, Ortega y Gasset, Le Corbusier, Gropius, André Malraux, García Lorca, Octavio Paz, Driue la Rochelle, Rabidranah Tagore, Stravinsky, Julian Huxley, Gabriela Mistral, entre tantos ilustres más. Victoria trazó, de esta manera, un puente que fue eco y respuesta al espíritu de nuestro tiempo.
Villa Ocampo, la casa de veraneo con barrancas sobre el Río de la Plata, fue donada por Victoria Ocampo a Unesco. El libro lleva de la mano al lector en un atractivo paseo por la casa. Hay, como dije, fotos de los visitantes, de manuscritos y libros de Victoria y de sus andanzas.
No debemos olvidar que a esta mujer debemos la fundación de la célebre revista "Sur", por cuyas hospitalarias páginas desfilaron las grandes figuras de la letras de nuestro tiempo, estuvieren donde estuvieren, y donde Borges y Sábato tuvieron una vigorosa presencia.
Y, por si fuera poco, resta mencionar los libros de Victoria Ocampo, la serie de "Testimonios", diez volúmenes donde reunió artículos y conferencias. Allí tenemos sus ensayos sobre André Malraux, sobre el coronel T. E. Lawrence (más conocido como "Lawrence de Arabia"), sus informes sobre el Juicio en Nuremberg, donde estuvo presente, así como sus incontables apuntes del mundo, que para ella, por cierto, no es ni ancho ni ajeno.
Volviendo a este libro, "Villa Ocampo", que desearíamos más extenso, debemos señalar que esa mansión, más allá de sus valores arquitectónicos, es hoy "una síntesis de futuro". Lo es, en la medida en que, "desde allí, a la Argentina, a Latinoamérica y al mundo, se van irradiando las preguntas del porvenir", como dicen sus autores. Un bienvenido libro, sí, sobre esta mujer, victoriosa vencedora del tiempo, a la que muchos debemos tanto.