BRASILIA Y LIMA | THE ECONOMIST
China tiene creciente presencia e influencia económica en América Latina, lo que genera preocupación a Estados Unidos, pero es visto como una oportunidad por países de la región.
Si todo sale según lo planificado, en 2012 los primeros cargamentos de cobre de Toromocho, una mina en los Andes peruanos, serán enviados por tren y camión a un nuevo muelle de US$ 70 millones en el puerto de Callao. Desde allí, serán embarcados a través del Pacífico a China. La mina es desarrollada a un costo de US$ 2.200 millones por Chinalco, una empresa gigante. Tanto la mina como el muelle serán los símbolos más visibles del creciente comercio e inversiones que convierten con rapidez a China en uno de los principales socios económicos de Perú y otros países de América Latina.
En el primer semestre de 2009, China pasó a ser, por primera vez, el principal mercado para las exportaciones de Brasil (en parte, porque las exportaciones de manufacturas brasileñas cayeron de manera aguda durante la recesión). Durante dos días de conversaciones en Beijing, en mayo, entre el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva y su par, Hu Jintao, se firmó un acuerdo, por el cual el Banco de Desarrollo de China y Sinopec, una empresa petrolera china, prestará a Petrobras, la petrolera brasileña controlada por el Estado, US$ 10.000 millones a cambio de hasta 200.000 barriles de petróleo por día (b/d), durante diez años, provenientes de los nuevos yacimientos situados en la profundidad del mar. Algunas semanas antes, China ofreció a Argentina un acuerdo swap para el uso del yuan por el equivalente a US$ 10.000 millones, así como prestó a Jamaica, un país sin disponibilidad financiera, US$ 138 millones, para que no cayera en incumplimiento del pago de su deuda. Empresas chinas han adquirido partes en campos petroleros en Ecuador y Venezuela, así como hablan de la construcción de una refinería en Costa Rica. La semana pasada, se comentó que la Corporación Nacional Petrolera China y Cnooc, otra petrolera, habrían ofrecido por lo menos US$ 17.000 millones por la participación en el 84% en YPF, la principal petrolera de Argentina, que es de la española Repsol.
No importa que el dominio yanqui siempre haya sido rechazado por los nacionalistas latinoamericanos, así como por Europa, ni que Estados Unidos (y Europa) todavía son comerciantes e inversionistas en América Latina mucho más importantes que China, y por supuesto, que India y Rusia. Resulta claro que hay nuevos y potencialmente poderosos actores en la región.
Su arribo coincide con, y en parte es consecuencia de, otros dos hechos. El primero es relativo a la declinación de la preeminencia política y económica de Estados después de su momento de indiscutido poder, al final de la Guerra Fría. "Los centros de poder cambian y el siglo XXI se refiere al Pacífico", dice el ministro de Relaciones Exteriores de Perú, José A. García Belaunde. Con George W. Bush, Estados Unidos fue visto como olvidando a América Latina, debido a prioridades más urgentes en otros lugares, especialmente en la guerra contra el terrorismo. Ese olvido permitió a otros introducirse en la región.
El segundo factor es que muchos países latinoamericanos tienen mayor confianza en sí mismos y están inclinados a afianzar su independencia diplomática. Eso obedece a que han logrado estabilidad económica y democracia más robusta, o porque eligieron gobiernos de izquierda que, por motivos ideológicos, buscan nuevos aliados. Los dos factores se aplican a Brasil, que bajo el presidente Lula da Silva ha buscado un papel de mayor poder como potencia regional de significado global.
La diversificación de los vínculos económicos de América Latina ha suscitado en algunas mentes una pregunta que aguijonea: ¿Esto anticipa cambios geopolíticos? En Estados Unidos, algunos miembros del Partido Republicano están preocupados porque el creciente peso económico de China plantea una amenaza política. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha advertido que China e Irán logran preocupantes avances en la región. Pero, muchos latinoamericanos prefieren ver la expansión de vínculos de China como una oportunidad. La región, con Brasil como líder, está forjando alianzas con China, India, Rusia y Sudáfrica, para impulsar cambios en lo que considera un orden económico mundial injusto.
Si bien el comercio está en auge, las inversiones chinas en América Latina son menos de lo que aparentan. Eso contrasta con India, cuyo comercio con la región se mantiene en términos modestos, mientras sus empresas han comenzado a realizar significativas inversiones en programas de computación, el sector farmacéutico y los recursos naturales.
Surge como interrogante si los crecientes vínculos con países como China, Rusia e Irán podrían socavar el compromiso de América Latina con la democracia, duramente conquistado.
PREOCUPACIÓN. La demanda india y china por materias primas hizo subir los precios de éstas y de productos básicos a niveles sin precedentes. Esto jugó un papel importante para acelerar la tasa de crecimiento económico de la región a un promedio de 5,5% desde mediados de 2003 a mediados de 2008. El comercio de China con América Latina creció a una tasa anual promedio de 40% desde 2003, mucho más rápido que su comercio total. China se ha convertido en un mercado significativo para países como Brasil, Chile y Perú.
Las inversiones chinas se han concentrado en la minería y el petróleo. Una excepción que viene de los `80, es la empresa mixta con Brasil para producir satélites de comunicaciones, en la cual China provee el 70% del financiamiento y la tecnología. Toromocho es una de las tres grandes inversiones en proyectos de cobre, en Perú. Empresas chinas son las principales inversionistas en la industria petrolera de Ecuador.
Ahora, las empresas chinas son más sensibles a las preocupaciones locales. La primera inversión china en Perú fue hecha por Shougang, que compró una mina de mineral de hierro, en 1992. Llevó 350 funcionarios chinos y tuvo mala reputación debido a problemas con la fuerza laboral peruana. El ex embajador peruano en Beijing y consultor de empresas chinas, Luis Chang, puntualiza que en Toromocho sólo hay tres gerentes chinos y el CEO es canadiense.
Perú es es el segundo país latinoamericano, después de Chile, que firma un acuerdo de libre comercio con China. García Belaunde confía que esto alentará nuevas inversiones chinas, sobre todo en el necesitado sector de la infraestructura de transporte, como en el Callao y otros puertos.
Pero, el esquema de comercio e inversiones reafirma el temor de algunos latinoamericanos de que China lleve a la región de nuevo a especializarse en materias primas, como en el siglo XIX, en detrimento de la industria. Mientras las exportaciones chinas a la región muestran diversidad de bienes manufacturados, sus importaciones están altamente concentradas en unas pocas materias primas. La soja y el mineral de hierro representan dos tercios de las exportaciones de Brasil a China y el petróleo el 10%. En contraste, Brasil exporta a Estados Unidos principalmente manufacturas. Esta especialización no es necesariamente dañina. Pero, a medida que varias ramas manufactureras chinas toman a sus contrapartes latinoamericanas, los gobiernos pueden empezar a poner más énfasis en mejorar la competitividad de las empresas de la región, en parte, a través de la política industrial.
Las cifras
9,4% Es el crecimiento que tendrá la economía de China en el corriente año, según estimación de los economistas de Goldman Sachs.
40% Es la tasa de crecimiento anual promedio que ha tenido el comercio de China con América Latina, a partir del año 2003.
China asegura que no busca dominio especial; hay impacto negativo en algunos sectores industriales
LONDRES | Las autoridades chinas insisten que sus más estrechas relaciones con América Latina están impulsadas por dos elementos: un compartido interés diplomático en un mundo multipolar, así como vínculos económicos y de negocios que son de mutuo beneficio. "No buscamos influencia especial. Hemos reiterado (a Estados Unidos) que nuestras relaciones con América Latina no son una amenaza para nadie", dice el embajador de China en Brasilia, Qiu Xiaoqi. También es de interés para China que la mitad de los 24 países, en su mayoría pequeños, alrededor del mundo que todavía reconocen a Taiwan y no a China, se encuentran en América Latina y el Caribe.
Pese a una sucesión de visitas presidenciales y ministeriales en las dos direcciones, así como curiosidad mutua en aumento, China y América Latina no están cercanas. No hay vuelos directos entre las dos. Pocos chinos tienen conocimiento de la región (Qiu no habla en portugués, aunque es uno de los diplomáticos chinos que habla en español). Pero, tarde o temprano, el involucramiento económico chino en América Latina seguramente tendrá ramificaciones geopolíticas, requiriendo que haga opciones. Eso obedece a desarrollos políticos en América Latina y en especial, al surgimiento de gobiernos más o menos contrarios a Estados Unidos en algunos países.
El ascenso de China ha tenido algunos impactos negativos, aunque no de la magnitud que se estimó hace diez años. Investigadores del Banco Mundial han señalado ganancias notorias para la región, en gran medida, por el efecto de las materias primas, pero también porque los exportadores latinoamericanos se han beneficiado de la riqueza que han obtenido otros países en su comercio con China. El banco tampoco encontró elementos que mostraran que la inversión directa era desplazada de América Latina hacia China. Si bien la región tiene un déficit comercial con esa nación asiática, sus importaciones son de maquinaria barata, lo que la ayuda a competir en otros mercados.
El dolor estuvo centrado en algunos países e industrias puntuales. Si bien exportadores de materias primas y bienes básicos como Chile, Perú y Brasil, han obtenido claros beneficios, a México y los países centroamericanos no les fue tan bien. China es un competidor de México, especialmente en el mercado de Estados Unidos, en sectores que van de los textitles a la electrónica. La participación de China en el total de las prendas importadas por Estados Unidos, se duplicó al 26% entre 2000 y 2005, mientras la de México cayó de 14% a 8%.
Los sectores de calzado y juguetes de Brasil han sido duramente golpeados por la imposibilidad de competir con los costos de China, aunque la economía brasileña se ha beneficiado en varios aspectos por las exportaciones de materias primas. THE ECONOMIST
En el tercer lugar para exportación
Mientras en el acumulado del año hasta julio las exportaciones de mercaderías de Uruguay a nivel general registraron una disminución de 13,2% en dólares, las ventas a China mostraron una suba de 2,3%, en relación a iguales meses de 2008.
Concretamente, las exportaciones de bienes al gigante asiático hasta julio totalizaron US$ 132 millones, por encima de los US$ 129 millones, que fue lo que se exportó en igual período de 2008. A su vez, exclusivamente en julio, las ventas a China aumentaron 19% (el total general cayó un 16,3%), y además hay que agregarle 66 mil toneladas que se exportaron el mes pasado a dicho país a través de la Zona Franca de Nueva Palmira.
La participación de China en las exportaciones totales uruguayas aumentó a un 4,1% en el acumulado de 2009, lo que determinó que se transforme en el tercer país destino de las ventas al exterior de las firmas locales.
En iguales siete meses del año pasado, China ocupaba el sexto lugar en el ranking de los países destino de las ventas al exterior locales, por debajo de Alemania.
Los productos que más se exportaron al país de Asia son semillas, oleaginosos, y lana, entre otros.