Carlos Maggi
Mujica deja la economía en manos de Astori.
Mujica se encargará de lo que más importa: el poder.
Jorge Batlle se equivoca cuando dice:
- "Deja de ser Presidente si entrega la conducción de la economía."
Mujica, fiel a su modo de pensar, considera que un gobierno sin poder, no sirve; y sucede que el poder no proviene del modelo económico.
El candidato del Frente y sus seguidores más próximos, piensan según deduzco de sus palabras y de sus actitudes: el sistema democrático exige desgastarse luchando contra la máquina de impedir que monta la oposición. Eso no sirve, son lujos burgueses. Un país necesita un gobierno, que gobierne sin trabas.
Hugo Chávez, un hombre práctico, le ordenó al Poder Legislativo de su país (Asamblea Nacional) que antes de diciembre debe aprobar:
- "¡Leyes revolucionarias, inexorables!" "Para terminar de demoler las viejas estructuras del Estado burgués y crear las nuevas estructuras del Estado del proletariado, bolivariano". La Ley Especial de Delitos Mediáticos es una de esas leyes; y amordaza a la prensa.
Y Mujica es amigo de Chávez.
¿Alguien puede explicar porqué Mujica dijo: "No le doy pelota, al Presidente"?
No fue porque estuviera enojado, fue porque se impacienta.
En este punto se abre su distanciamiento con el gobierno. Vázquez, para desilusión de los radicales, respetó las garantías y las libertades que la Constitución prevé; ese respeto trabó muchas medidas fuertes, que se hubieran tomado. La democracia es el peor sistema -piensan los radicales- le da la responsabilidad de llevar el timón a quien gana las elecciones y después le ata las manos. Hay que simplificar. El que manda, manda.
Los radicales del continente recurren a la democracia cuando no pueden hacer otra cosa. Chávez dio un golpe de estado; Kirchner fue montonero.
Para quienes simplifican, la doctrina en la cual creen, importa más que las personas; lo bueno es aplicar la gran receta, sin complicarse. Es por esta urgencia realizadora que quien recibe la responsabilidad máxima, debe tener los máximos poderes. Así lo hizo y lo hace la izquierda marxista, cada vez que puede.
Según la moda actual en América Hispana, las etapas para alcanzar el dominio, son tres:
1) Disponer de los medios aptos para ejercer el mando. Las fuerzas armadas o en su defecto, grupos piqueteros dueños de la calle; o la policía bien reforzada. Sin fuerza coactiva eficaz, no hay gobierno eficiente.
2) La segunda etapa es la reelección. Esta reforma hace que la oposición se quede sin oficio ¿Para qué oponerse, si no habrá elecciones? El continuismo puede ser directo o por interpósita persona: hermano Raúl, cónyuge Cristina, etc,.
3) El tercer movimiento completa la supresión de los controles. Se falsean las estadísticas y se controlan o suprimen los medios de comunicación. La opinión pública debe ser estrictamente vigilada.
El Presidente Vázquez en algún arrebato momentáneo, dijo que había que calificar a cierta prensa con el mote de prensa de oposición, como si eso fuera indecoroso. Pero ahí se detuvo. No es cosa de buena, jugar con la libre expresión del pensamiento. Gorbachov en la Perestroika atribuye a ese "detalle" (a la falta de crítica) la caída del régimen soviético.
La técnica jurídica para silenciar a los que piensan de otro modo, consiste en implantar la analogía penal.
Al catálogo de los delitos bien definidos (a los tipos penales) se agrega una norma indefinida.
En la Alemania nazi, cometía delito todo aquel que realizara actos "contrarios al sano sentimiento del pueblo."
En la Unión soviética cometía delito todo aquel que "atentara contra la conciencia revolucionaria."
En Venezuela, se intenta ahora penar con cárcel a quienes vayan de cualquier manera, "contra la "estabilidad de las instituciones", la "paz social" o la "moral pública".
Por supuesto, cualquier opinión puede considerarse contraria al sano sentimiento del pueblo, la conciencia revolucionaria, la estabilidad de las instituciones, la moral o la paz pública, …si se opone a lo que piensa o hace el gobierno.
El ajuste entre una definición general y un acto concreto, lo hará el juez. Pero también el juez deberá cuidarse de no entorpecer con su sentencia, la acción del gobierno. El magistrado puede ser penado con cárcel, si en vez de colaborar con el gobierno, le crea problemas.
Los que tengan reparos son delincuentes y hay que ser expeditivos con ellos. Pongo un ejemplo de aquí y ahora:
Se reúne en Montevideo la Comisión pro anulación de la ley de caducidad y lo primero que dicen es (textualmente):
- "Quienes no apoyen en octubre la anulación de la Ley de Caducidad serán cómplices de la dictadura y el terrorismo de Estado." Vale decir: pensás como yo, o sos un delincuente. Simplifican. Bush eligió ese camino (Están conmigo o son enemigos) y así le fue; a él y a su país.
Mussolini propuso implantar la analogía en Italia y no pudo. Los legisladores fascistas se negaron a destruir las bases del derecho penal italiano.
Los apurados simplifican: las leyes pueden anularse; los delitos pueden establecerse al barrer, sin decir con precisión en qué consiste la conducta delictuosa.
Mujica prefiere en América Hispana, a los gobernantes que no tienen respeto, por las garantías constitucionales.
En China continental, la economía es enteramente liberal y el país padece un gobierno autoritario, que aplica el mayor rigor imaginable. Un gobierno que se siente iluminado, es un gobierno aterrador; por más que mejore notablemente la economía.
China se enriquece llevada por la costa sudeste, que es su locomotora económica último modelo; y mientras muchos chinos superan la indigencia y otros se hacen ricos; todos viven sometidos y con miedo. Al doblar en una esquina, se puede cometer un delito de opinión. Esa no es la manera de pasar por la vida que quieren los uruguayos. Nosotros preferimos ser un poco lentos con tal de ser un poco libres.
Nosotros nos defendemos ante los impacientes, que usan la violencia, para imponer sus ideas; y si fracasan, intentan llegar al poder por la vía legal… para ejercer el mando sin controles.
El plebiscito contra la ley de caducidad, a pretexto de ejercer la justicia, sienta un precedente atolondrado que desquicia las bases de la Constitución. La Constitución es, para ellos, menos importante que la condena de determinadas personas. ¡Cuidado! Anunciar una reforma Constitucional sin precisar sus objetivos es otro síntoma que corresponde a un estilo indefinido, improvisado, peligroso.
En todo diagnóstico corresponde asociar lo que está pasando, con lo que puede pasar en el futuro. Mujica está con la anulación de las leyes; con los hermanos Castro, en la Habana; con del mandón, en Caracas; con el señor corta-puentes que estableció la presidencia ganancial, en Buenos Aires. Esos indicadores encienden una luz amarilla, de prevención.
Mujica tiene el derecho de elegir como quiere. Pero los demás tienen derecho a cuidarse de sus preferencias.
No es fácil ser partidario de Seregni y estar a partir confites con Chávez y con Kirchner y con la inseguridad de anular las leyes. Hay que tragarse un sapo, para querer a Seregni y votar por Mujica.